Notas sobre la dinámica electoral catalana. Luis Sanzo.

Recojo aquí algunas reflexiones sobre la dinámica socio-política en Cataluña, de acuerdo con el análisis de la evolución electoral del periodo 2006-2017 (elecciones autonómicas). Sin pretensión de constituir un artículo como tal, se trata más bien de unas notas generales para el intercambio de ideas. Las notas vienen acompañadas por los gráficos que soportan el análisis y sus conclusiones. Facilitar el acceso a los mismos a quien pueda estar interesado es el principal motivo de subir a Internet estas notas.

La preocupación por la dinámica electoral catalana no refleja, por otra parte, voluntad de seguir el fenómeno desde la sociología política sino de determinar las bases de lo que parece una manifiesta crisis socio-política en Cataluña que puede poner en riesgo las propias bases de la estabilidad democrática.

NOTA 1.

Después de aumentar de forma impresionante, y a ritmos prácticamente continuos entre 2006 y 2015, el voto al nacionalismo catalán llega a un límite en 2015. Tal y como puede observarse en el gráfico 1, este límite resulta evidente si se incluye el voto UDC de 2015. El voto nacionalista de 2017 es prácticamente el mismo que el de 2015.

Gráfico 1

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NOTA 2.

Como revela también el gráfico 1, tras la debacle del periodo 2006-2010, los apoyos electorales al bloque constitucionalista se sitúan claramente al alza desde entonces. Pero, a diferencia de lo que se percibe en el nacionalismo catalán, el aumento del voto constitucionalista se mantiene entre 2015 y 2017 hasta el punto de que, en 2017, los resultados se acercan a una situación de equilibrio de fuerzas entre los dos grandes bloques. Así, tras caer al 67,8% en 2010, la relación entre voto constitucionalista y voto nacionalista catalán, que en 2015 sólo se había recuperado hasta el 77,7%, despega hasta el 91,6% en 2017.

Gráfico 2

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NOTA 3.

La posición de Puigdemont es sin duda de fuerza pero no indica una posición verdaderamente hegemónica, capaz de imponer las líneas de la dinámica política, ni siquiera en el marco del independentismo. Frente al avance electoral de la población que se mueve en la órbita ERC-CUP a partir de 2010, la que se une en torno a CiU y JxCat tiende a una caída continuada a partir de ese año, tal y como se observa en el gráfico 3. Esta línea de caída se acentúa, además, entre 2015 y 2017. La fuerte recuperación electoral del CiU entre 2006 y 2010 queda en 2017 amortizada en su totalidad.

Gráfico 3

Gráfico3

En términos de capacidad de movilización de voto, y dentro del nacionalismo catalán, el verdadero vencedor electoral del procés es el bloque tradicionalmente independentista, orientado a la izquierda, que conforman ERC y la CUP. Este bloque que, tras el fracaso del tripartito y del proceso de gestión del Estatut, no llegó a representar en 2010 sino un 19,2% de los apoyos electorales que llegaban a CiU, consigue superar en un 19,4% el que que llega en 2017 a JxCat (gráfico 4).

Gráfico 4

Gráfico4

El impresionante avance del voto ERC-CUP entre 2006 y 2017 (de 416.335 a 1.122.759 votantes) es uno de los fenómenos sociopolíticos más llamativos de la España posfranquista. La combinación de crisis económica, social y política en Cataluña está en la base de este fenómeno.

NOTA 4.

El bloque ERC-CUP es el que consigue recoger, al menos en el marco del debate sobre el estatuto político de Cataluña, el malestar que sigue a la crisis del Estatut y a la debacle socioeconómica del periodo 2009-2013. En comparación con 2006, este bloque gana 706.404 votos en 2017 (+170% en términos relativos).

Gráfico 5

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En contraste, y como se puede ver en el gráfico 5, la evolución del voto al conglomerado de izquierda catalanista no independentista (PSC-ICV, EnComú/Podem) es negativa. Aunque se recupera entre 2010 y 2017, el voto conjunto a estas fuerzas se reduce en 152.202 votos en 2017 respecto a 2006. En términos electorales, el apoyo electoral a estas fuerzas es un 14,1% inferior en 2017 respecto a 2006.

Si en 2010, el sufragio expresado en favor de ERC apenas suponía un 22,3% del voto total a la izquierda en Cataluña, el que en 2017 llega a ERC y CUP supone un 54,8% del total (gráfico 6).

Gráfico 6

Gráfico6

NOTA 5.

Sin embargo, la novedad más significativa del proceso catalán es la aparición, avance y configuración como primera fuerza de la política catalana de Ciudadanos. Desde una presentación como fuerza por completo marginal en 2006, con apenas 89.840 votos, este grupo se convierte en primera fuerza política catalana en 2017, con más de 1,1 millones de votos (gráfico 7).

Otro aspecto a destacar es que el avance del peso electoral de Ciutadans resulta realmente muy reciente. Todavía en 2012, este partido apenas recogía 275.000 votos.

Gráfico 7

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El avance de Ciudadanos se basa en dos hechos destacables. De partida, resulta sin duda significativa la recogida de votos procedente de otros partidos del bloque constitucionalista. En el periodo 2006-2012, el crecimiento del grupo, aún moderado, se relaciona con la caída de voto socialista, con un incremento en ese periodo del apoyo electoral al Partido Popular. Entre 2012 y 2017, en cambio, el espectacular avance de Ciutadans se traduce en la quiebra casi completa del voto al Partido Popular, agudizado entre 2015 y 2017. Este partido obtiene en 2017 apenas un 39% del resultado conseguido en 2012.

Sin embargo, entre 2012 y 2017 el PP pierde 287.573 apoyos que quedan muy lejos de los más de 827.000 votos conseguidos por Ciudadanos. El PSC, además, consigue llegar a 2017 con más apoyos que 2012 y 2015. El partido de Rivera y Arrimadas se beneficia así, sobre todo, de la tradicional abstención de algunas zonas de Cataluña. Es su éxito principal.

El resultado es sorprendente. Un partido, antinacionalista y liberal, que apenas recogía un 7,5% del voto del bloque constitucionalista, en 2006 llega a conseguir -dentro de este bloque- un 58,3% de los apoyos en 2017. En cambio, el PSOE, que en 2006 recogía el 66,2% de los sufragios nacionalistas, se queda en un mínimo del 31,9% en 2017. El PP, que llegó a representar un 37,1% del voto en 2012, apenas concentra un 9,7% de los sufragios constitucionalistas en las últimas elecciones autonómicas catalanas (gráfico 8).

Gráfico 8

Gráfico8

NOTA 6.

En la dimensión política catalana, la izquierda catalanista y no independentista, a pesar de sus distintas formas de presentación, no parece haberse recuperado de la salida en falso del tripartito y del fracaso del Estatut de 2006. Tras perder un 25,3% de su apoyo electoral entre 2006 y 2010, no ha sido nunca capaz de recuperar con posterioridad el voto 2006, a pesar de una línea de ligera recuperación desde 2010 (ver gráfico 9).

Gráfico 9

Gráfico9

En este bloque, el estancamiento a la baja de 2006-2010, o la línea de pequeña mejora de 2010-2017, esconde la lucha algo cainita por el reparto interno del voto. Como se constata en el gráfico 10, esa lucha fue muy favorable a la línea ICV-Podem-En Comú entre 2010 y 2015 (su peso electoral en el bloque pasa del 26,2-28,6% de 2006-2010 a cifras cercanas al 41% en 2012-2015). Lo ha sido al PSC entre 2015 y 2017 (EnComú-Podem supone sólo un 34,9% del sufragio correspondiente a este bloque en 2017).

Gráfico 10

Gráfico10

El resultado final apenas se traduce en un pequeño aumento de voto de 2006 a 2017 en ICV-Podem/En Comú (+14,5%), con una caída significativa del PSC (-24,3%).

NOTA 7.

Visto desde el punto de vista de la izquierda que emerge con fuerza tras el 15/M, el bloque que gira en la actualidad en torno a la CUP y EnComú/Podem consigue en 2015 422.714 votos más que los registrados en 2006, año en el que ICV era la única expresión política. El voto útil, o las discrepancias políticas, se traducen sin embargo en una significativa caída electoral entre 2015 y 2017 en estas fuerzas (en aparente dirección hacia el PSC en el caso de los Comunes, y de ERC en el caso de la CUP). En el bienio 2015-2017, la CUP pierde un 42,8% de su apoyo electoral, proporción que es del 11,9% en el caso de los Comunes. Se quiebra radicalmente en todo caso el papel de atracción de voto hacia estos dos grupos que se había producido entre 2012 y 2015 (gráfico 11).

Gráfico 11

Gráfico11

La CUP resiste peor que EnComú/Podem la dinámica 2015-2017. Se percibe con claridad en la distribución electoral del voto correspondiente a estas dos fuerzas. Después del equilibrio observado en 2015, en 2017 un 62,6% del voto a estos grupos se queda en manos de EnComú/Podem (gráfico 12).

Gráfico 12

Gráfico12

ALGUNAS IDEAS FINALES

1. España tiene un evidente problema con el independentismo en Cataluña (el “pollastre” que menciona Puigdemont). Pero el nacionalismo catalán, hoy prácticamente todo él independentista, tiene un problema tan importante con la “salida del armario” de un abierto antinacionalismo pro-español. Unido a las fuerzas catalanistas de dimensión constitucionalista como el PSC, y al PP, este conjunto de fuerzas está ya casi a la par que el nacionalismo en número de votos. Este bloque “constitucionalista” tiene dos cosas a su favor: el poder real y el tiempo.

La Cataluña independentista sigue ganando pero eso no debería hacer perder de vista la realidad. Ya sólo es mayoritaria (y sólo en escaños) gracias a los resultados de Girona. Tiene, por tanto, también su “pollastre”. Las fuerzas constitucionalistas están en condiciones de esperar a que llegue su turno. En cambio, el tiempo juega en contra de un independentismo que  carece de apoyos significativos en Europa para conseguir forzar una negociación en su favor (al menos si va orientada a conseguir la independencia).

2. La posición de Puigdemont es aparentemente fuerte pero la realidad muestra que sus bases de poder no lo son tanto como para poder imponer su proyecto, ni internamente al resto del independentismo, ni externamente al Estado y a las fuerzas que están a su lado en Cataluña. Las fuerzas realmente dinámicas son las que se mueven en torno al voto ERC-CUP, por un lado, y al anti-nacionalismo que representa Cs y que hoy supera con claridad a JxCat, por otro. Este sorpasso, visible en el gráfico 13, habría sido imposible de prever en 2006.

Gráfico 13

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3. La victoria de Ciutadans en las elecciones autonómicas 2017 se fundamenta en parte en su capacidad de extraer votos del PSC y del PP. Sin embargo, su principal éxito ha radicado en atraer a la dinámica política electoral de Cataluña a grupos sociales que se situaban fuera hasta ahora en Cataluña. Por su perfil antinacionalista y liberal, se trata de un cambio radical de la estructura política existente a mediados de la pasada década, dominada en gran medida entonces por el PSC, catalanista y socialdemócrata.

4. El panorama político que muestra la Cataluña de 2017 es de completa crisis de sistema. Los dos partidos que han dominado la política español posfranquista, el PSC y el PP, han pasado de ser conjuntamente mayoritarios en Cataluña, con un 39,2% de los sufragios en 2006, a representar una minoría de apenas un 18,4% en 2017 (gráfico 14).

La crisis financiera de la Generalitat de Cataluña durante la crisis, en un contexto de pérdida de importancia relativa del conglomerado político en torno a CiU, ha llevado además a un grupo clave en la estabilidad política española a liderar el proceso independentista, un proceso al que se han incorporado con máxima fuerza el conglomerado tradicionalmente pro-secesión que representan ERC y la CUP. Este conjunto de partidos, hoy de facto situados fuera del sistema, recoge un 48,3% de los sufragios recogidos por los grupos con representación parlamentaria.

Pero otro 25,8% va a un partido que, apelando al constitucionalismo pro-español, reclama en realidad un nuevo proyecto para España. Este proyecto defiende un cambio en el sistema político que se sitúa de facto en un marco post-Constitución española de 1978., Su posición respecto a la educación y la política de comunicación en Cataluña, en la misma línea que sus críticas radicales al concierto y al cupo vascos, muestran un evidente propósito de redefinición del marco estatutario de las dos principales “nacionalidades” en España. En contra de lo que definen como privilegios y pretensiones de los “separatistas”.

Estos dos hechos combinados, el independentismo catalán, y su correlato de reacción antinacionalista, representan un 81,6% de los sufragios. En el 26% restante se incluyen grupos que, con la excepción del minoritario Partido Popular, defienden una reforma sustancial de la Constitución. Parece imposible poder negar la intensidad de la crisis política que esto supone para España.

Gráfico 14

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5. Entre los grupos que pierden capacidad de influencia política se encuentra la izquierda catalanista no independentista (hoy PSC y EnComú/Podem). La competencia electoral dentro de este bloque ha perjudicado sobre todo al PSC, en particular en el periodo 2010-2013, a pesar de que este partido recupera parte del terreno perdido en 2017. En cualquier caso, la reciente recuperación electoral del PSC no supone un cambio decisivo en el papel electoral del bloque que hoy gira en torno a los Comunes.

Se necesita mucho optimismo para no percibir en este bloque de izquierda no independentista una línea globalmente negativa respecto a la evolución de su peso político. La polarización en torno al eje nacional le sitúa en 2017 con un apoyo electoral inferior en un 14,2% al que llegó a tener en 2006. La caída afecta sobre todo al PSC pero no se traduce en un aumento de ICV-Podem/EnComú.

6. En el caso de los dos bloques nuevos, o reformulados, durante el periodo de crisis, y que habían crecido electoralmente de manera muy llamativa en paralelo a la crisis económica, la CUP sufre mucho más claramente que EnComú-Podem la dinámica 2015-2017. Pero, tras las recientes elecciones, ambas fuerzas se alejan de la capacidad de condicionar de forma decisiva la política catalana.

7. Los distintos aspectos señalados son coherentes con el proceso más amplio de crisis de las izquierdas y de la extensión de la alternativa post-socialdemócrata, incluso en contextos que teóricamente ofrecen un marco favorable a las fuerzas socialmente más rupturistas. En el caso catalán, esto muestra una reorientación de voto hacia las alternativas independentistas, con significativas dinámicas populistas asociadas (resulta aquí muy llamativa la línea nacional-populista del reciente discurso de Puigdemont). Pero también es clave la reorientación política de las preferencias hacia un nacional-liberalismo que comparten tanto JxCat y como Ciutadans. En todo ello, el proceso catalán tiene claros elementos comunes con la dinámica post-socialdemócrata que se observa en otros países.

8. En mi opinión, la única salida que tienen las izquierdas no independentistas en España es pactar unas bases políticas mínimas. Esas bases no tienen por qué traducirse automáticamente en estrategias políticas conjuntas pero sí resultan necesarias para impedir el proceso de autodestrucción (o de mutua destrucción) en el que se encuentran inmersas estas izquierdas. Si en lo social estas bases políticas mínimas están por definir (dada la liquidación práctica de los paradigmas dominantes hasta hoy), en lo nacional deben pasar por seguir manteniendo el ideal de convivencia federal-autonomista y conseguir una solución pactada para recoger constitucionalmente la voluntad de decidir el futuro de las naciones minoritarias en España (vasca y catalana, en todo caso).

Ese pacto, con voluntad de hierro, supondría algo así como la constitución básica de las izquierdas españolas. Estas izquierdas no deberían moverse de ellas en sus relaciones políticas con las dos principales fuerzas que se le oponen, ya sea desde el nacionalismo independentista o desde el españolismo antinacionalista hoy en fase de redefinición política. En esa posible orientación política, sus aliados principales serían las fuerzas dispuestas a apostar, a la vez, por el estado social de bienestar y por alguna forma de organización política (de componente federal o confederal) que hiciera posible mantener una forma política de convivencia conjunta, de base necesariamente plurinacional.

 

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