El riesgo de pobreza encubierta en la población entre 25 y 64 años en España. 2008-2016. Luis Sanzo

Introducción

Una de los principales rasgos característicos de la Encuesta de Pobreza y Desigualdades Sociales vasca (EPDS) es su aproximación al estudio de la pobreza encubierta. Es conocida la dificultad experimentada por algunas personas, principalmente jóvenes pero no sólo, para acceder a una vida independiente como consecuencia de la falta de recursos económicos suficientes. Con frecuencia, estas dificultades esconden realidades de pobreza y ausencia de bienestar que no se manifiestan socialmente, quedando ocultas en los hogares de origen de estas personas.

Este artículo pretende aproximarse a la medición del riesgo de pobreza encubierta en la población entre 25 y 64 años en España. A tales efectos, se centra en detectar la parte de población en el intervalo de edad considerado que combina dos situaciones objetivas: la falta de acceso a una vida plenamente independiente y la ausencia de ingresos suficientes para poder vivir al margen de la pobreza en caso de constituir un hogar unipersonal.

El análisis no tiene en cuenta a la población menor de 25 años por dos razones. La primera es que en España, desde mediados de los años 80, los procesos de acceso a la vida independiente sólo empiezan a ser significativos, en términos de proporción de población implicada, a partir de una edad situada en torno a los 25 años.

Obviamente, esto no significa que los procesos de emancipación no se produzcan con anterioridad ni tampoco que en condiciones normales resultara conveniente que fueran mayoritarios, o al menos significativos, antes de esos 25 años. Simplemente implica asumir que, en España, estos procesos quedan en gran medida diferidos por razones económicas hasta edades posteriores. De hecho, en la población de 16 a 24 años residente en 2016 únicamente se observa un 5,6% de personas plenamente independizadas. En este grupo de población, por tanto, la ausencia de recursos no puede asimilarse con cierta presunción de probabilidad a un riesgo efectivo de pobreza encubierta, relacionado con la dificultad de acceso a una deseada vida independiente.

Debe mencionarse una segunda razón, asociada a la anterior. A diferencia de la EPDS, en la Encuesta de Condiciones de Vida del INE no hay información disponible sobre los procesos de emancipación y la medida en que éstos puedan verse alterados por razones económicas. De ahí la imposibilidad de detectar aquellos casos en los que, en las personas de 16 a 24 años, están presentes problemas directos e inmediatos de acceso a una vida independiente.

Ambos factores hacen imposible acercarse a una estimación mínimamente razonable sobre el impacto de la pobreza encubierta en estas personas de 16 a 24 años.

La dificultad de precisar algunos de los aspectos señalados es también, por otra parte, uno de los motivos por los que este artículo habla de riesgo de pobreza encubierta (y no de hechos efectivos definidos asociados a esta forma de pobreza). En este sentido, no es posible precisar los casos en los que existe real deseo, o necesidad, de plena independización para constituir un hogar independiente. Es evidente que algunas personas, incluso en ausencia de recursos, deciden vivir voluntariamente en sus hogares de origen y en estos casos no puede hablarse en sentido estricto de presencia directa de formas de pobreza encubierta.

A pesar de las limitaciones señaladas, los datos aportan información útil para el estudio de este fenómeno en España. Toda la información presentada se estima y calcula a partir de la ECV 2008 y 2016 (rentas 2007 y 2015).

Resultados

Los resultados más destacados del estudio son los siguientes:

*   Como era de prever, en 2016, el fenómeno de la pobreza encubierta tiene un impacto significativo en España. Se trataba sin embargo de un hecho social que seguía siendo muy relevante en 2008, en pleno boom económico.

*   El repunte alcista de la pobreza encubierta afecta más, en términos relativos, a población joven, entre 25 y 34 años. En términos absolutos, no obstante, la línea alcista es más llamativa en colectivos mayores de 35 años.

*   La caída de los ingresos salariales en el periodo de crisis no caracteriza a todos los colectivos por igual, ni siquiera en función de la edad. Al contrario, el principal grupo afectado es la población que en 2016 no tiene acceso a una vida independiente, tanto en el caso de personas entre 25 y 34 años como en población mayor de 35 años.

*   El riesgo de pobreza encubierta es superior entre los hombres. Mientras se observa una mejora en 2016 en la situación de la población femenina, con una caída del nivel de riesgo, lo contrario ocurre con la población masculina.

Es importante señalar que el proceso de deflación en los precios de la vivienda en España ha limitado la incidencia de la pobreza encubierta hasta 2016. El repunte reciente de estos precios podría contribuir a un repunte de esta forma de pobreza, de muy llamativa incidencia en los años 80 y primeros 90.

  1. Una problemática social significativa en España

Entre la población nacional de 25-64 años, los datos generales muestran un incremento del 2,7% en el riesgo de pobreza encubierta entre 2008 y 2016. El volumen absoluto de población en esta situación pasa de 2,72 millones de personas en 2008 a 2,79 en 2016. El aumento es de 73.954 personas.

Tabla 1

En relación al conjunto de población entre 25 y 64 años, el riesgo analizado es significativo ya que afecta en 2016 al 10,7% de la población total en esas edades. Sin embargo, la relevancia de esta problemática se hace mucho más evidente al considerar el impacto de la pobreza encubierta en exclusiva en el colectivo no plenamente independizado. En este caso, la proporción de personas afectadas es muy mayoritaria, con un 66,5% en 2016.

A pesar de la sustancial reducción del coste de acceso a una vida independiente asociado a la deflación del precio de la vivienda tras la crisis (ver anexo metodológico), el riesgo de pobreza encubierta aumenta en la crisis, pasando de 10,3 a 10,7% entre 2008 y 2016. El deterioro asociado a la crisis es más nítido al considerar el impacto de las situaciones de riesgo en los colectivos no independizados, con un aumento de 7,5 puntos porcentuales. La proporción de personas en riesgo aumenta en este caso de 59% en 2008 a 66,5% en 2016.

En cualquier caso, los datos presentados revelan que la problemática estaba todavía muy extendida en 2008, en el momento más álgido del periodo de crecimiento económico de finales de los años 90 y de la primera década del nuevo siglo. Parte de esta situación se vinculaba al alto coste de acceso a la vivienda.

  1. Un riesgo mayor en personas jóvenes pero un impacto cuantitativo creciente en personas no tan jóvenes

La relativa estabilidad de la tasa de riesgo de pobreza encubierta entre 2008 y 2016 se vincula a unos procesos demográficos que tienden a limitar el avance del problema. De esta forma, como consecuencia de la caída de la fecundidad en los años 80 y 90, cae el volumen de población entre 25 y 34 años, una realidad acentuada además por la emigración de una parte del colectivo durante la crisis.

Pero la dinámica real es más preocupante de lo que indican los datos generales. El análisis del riesgo de pobreza encubierta por grupos de edad muestra un muy superior deterioro de la situación, en particular en el grupo de edad más joven. Así, entre 2008 y 2016, la tasa de riesgo aumenta en 6,1 puntos porcentuales, de 24,8% a 30,9%, en el grupo entre 25 y 34 años. El aumento es algo superior a un punto entre los 35 y 54 años: de 7,2 a 8,2% entre 35 y 44 años y de 3,6 a 4,8% entre 45 y 64 años. Es todavía de 0,6 puntos porcentuales entre los 55 y 64 años, con un incremento del 2 al 2,7% entre 2008 y 2016.

Gráfico 1

Gráfico 1

En la población entre 25 y 64 años, el riesgo de pobreza encubierta afecta sobre todo por tanto al grupo más joven, entre 25 y 34 años, en el que casi una tercera parte del colectivo se ve afectada en 2016. Como puede comprobarse en el gráfico 2, en el conjunto de personas en riesgo, un 59,5% de ellas pertenecen de hecho a este grupo de edad.

Sin embargo, dos hechos deben matizar la dimensión “juvenil” del problema de la pobreza encubierta en España. Por un lado, en 2016 un 40,5% de las personas afectadas tenía ya más de 35 años lo que revela que se trata de un problema que desborda el periodo estrictamente adulto joven. Por otro, lo que es aún más llamativo, el peso de los colectivos mayores de 35 años se muestra creciente, 8,5 puntos porcentuales por encima del 32% que representaban en 2008. Como revela el gráfico 3, además, en términos cuantitativos, el incremento efectivo de las situaciones de riesgo de pobreza encubierta entre 2008 y 2016 se vincula en exclusiva a personas mayores de 35 años

Gráfico 2

Gráfico 2

Gráfico 3

Gráfico 3

El gráfico 4 contribuye a hacer entender los factores subyacentes a los hechos señalados. En particular, se constata que, aunque la caída del ingreso mensual nominal por persona en el periodo 2008-2016 es muy relevante en personas de 25 a 34 años con acceso a una vida independiente (-13,9%), los principales perdedores y perdedoras de la crisis son en realidad las personas entre 25 y 54 años que no han tenido la posibilidad de acceder (o mantener) esa forma de vida independiente. En este último grupo, la caída máxima entre 2008 y 2016 corresponde a personas no independizadas entre 25 y 34 años (-33%), pero es todavía superior a -23% entre personas entre 35 y 54 años no independizadas en 2016. Como se ve en el gráfico 3, es precisamente en estos grupos de edad en los que se detecta el mayor incremento absoluto en el volumen de personas en riesgo de pobreza encubierta en España.

Gráfico 4

  1. Un riesgo mayor y en aumento entre la población masculina

Un aspecto muy relevante de la dinámica de la pobreza encubierta, entre 2008 y 2016, es que se trata de un fenómeno que afecta de manera diferencial a población masculina. En 2016, un 12,2% de la población masculina entre 25 y 64 años se ve en situación de riesgo por 9,3% de la femenina. Mientras la tasa aumenta en la población masculina, desde el 10,7% de 2008, cae en la femenina, desde el 9,9% de 2008. El peso de los hombres en el colectivo en riesgo de pobreza encubierta pasa de 52,6 al 56,7% entre 2008 y 2016.

Gráfico 5

Gráfico 5


Anexo: Datos por comunidades autónomas

Anexo

Anexo metodológico

El método de aproximación al estudio de la pobreza encubierta es el EPDS que aplica el modelo de regresión de Leyden para obtener dos umbrales complementarios: el de pobreza en sentido estricto y el de ausencia de bienestar. A través de la pregunta HS130, que mide el ingreso mínimo necesario para llegar a fin de mes, la ECV permite estimar el umbral de necesidad para acceder a un mínimo nivel de bienestar en el caso de personas solas en hogares independientes. Este umbral se utiliza para determinar los niveles de riesgo analizados.

Para aproximarse a los datos que se derivan del método EPDS se introducen dos adaptaciones. La primera, condicionada por la falta de base muestral suficiente y ausencia de información sobre gastos habituales, se traduce en la obtención de una única línea de regresión para las personas solas entre 25 y 64 años que viven en hogares independientes. La regresión se aplica, con independencia de la edad, al colectivo que señala llegar a fin de mes con dificultad o, a lo sumo, con alguna facilidad. Con carácter previo, se aplica un indicador de ajuste para tener en cuenta los diferentes costes territoriales de acceso a una vida independiente.

Al carecer de información sobre la percepción del mínimo para cubrir las necesidades básicas, la segunda adaptación consiste en delimitar el umbral de riesgo de pobreza, estimado por grupos de comunidades autónomas, en términos de una proporción del umbral de ausencia de bienestar determinado por la vía señalada (60% en este caso).

Teniendo en cuenta los principios anteriores, los umbrales de necesidad que se determinan para medir el riesgo de pobreza encubierta en la población de 25 a 64 años que no ha accedido a su propio hogar independiente se estiman para los dos años considerados, 2008 y 2016, en 1.038.74 y 898,26 euros, respectivamente, para el conjunto de España. Estos niveles se ven condicionados por los niveles de precios de la vivienda y el proceso de deflación posterior a la crisis que, a pesar de la fuerte recuperación en marcha, en 2016 aún no habían devuelto por completo los precios a los niveles pre-crisis. Este impacto suponía, de hecho, una caída estimada del coste de acceso a una vida independiente en solitario de -13,5%.

En el estudio se considera como población independizada a la que permanece en el hogar de origen o que, aun viviendo en un hogar diferente, no es la persona de referencia en dicho hogar o su cónyuge.

Los datos corresponden a las operaciones 2008 y 2016 de la ECV, con datos de renta correspondientes a 2007 y 2015. Los ingresos personales considerados son los procedentes de trabajo, desempleo y pensiones.

 

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