Empleo, vivienda y RGI. Principales datos para el debate. Luis Sanzo

En una interesante entrevista, Joseba Zalakain planteaba recientemente los límites que, para la sociedad (en este caso la vasca), representaban los cambios observados en la dinámica del empleo o de la vivienda. Unos cambios que podían llegar a hacer inviable la acción paliativa de sistemas de garantías de ingresos como el que representa, en Euskadi, la Renta de Garantía de Ingresos (RGI). Sin empleo digno, o vivienda accesible, la acción compensatoria de un sistema de garantía de este tipo podría llegar a ser inviable.

Las importantes cuestiones planteadas merecen una aportación al debate. Se resumen a continuación los principales datos a tener en cuenta, en el análisis de la relación entre empleo, vivienda y RGI a lo largo del periodo 1996-2016 en Euskadi.

En lo relativo a la evolución del empleo de bienestar hasta 2016

1. Se observa una clara línea de deterioro en el volumen de empleo de bienestar (ver nota 1) a partir de 2008, con una pérdida de alrededor de algo más de 72.000 ocupaciones de este tipo. Esto supone una disminución del 12,7% respecto a la cifra máxima de empleos de bienestar, alcanzada en 2008, con casi 569.000 personas ocupadas en esta categoría de empleos.

2. La caída del empleo de bienestar afecta a todos los sectores de actividad, aunque de forma desigual:

2.1. El principal factor de reducción del empleo de bienestar se relaciona con la evolución de la ocupación en la industria y la construcción, sectores que alcanzan en 2015 el nivel más bajo de ocupación en Euskadi desde 1985. Un 86,1% del empleo de bienestar perdido entre 2008 y 2016 corresponde a la industria y la construcción (37,7% y 48,5%, respectivamente). En ambos sectores, más de la mitad de la caída se vincula a personas no asalariadas (52,7% en la construcción y 55% en la industria). Un hecho particularmente relevante es que, en 2016, el volumen de empleo de bienestar en estos sectores es inferior al existente en 1996.

2.2. Entre 2008 y 2016, el empleo de bienestar se reduce también en el sector servicios, aunque de forma mucho menos intensa que en los dos otros sectores mencionados. La caída es del 2,3% frente al 16,2% de la industria y el 57,2% de la construcción. Apenas supone un 10,7% de la caída absoluta del empleo de bienestar en el periodo considerado.

3. Entre 2008 y 2016, el único tipo de ocupación que avanza en Euskadi es el empleo peor remunerado del sector servicios (+19,2%). La positiva evolución de la ocupación en este sector entre 2008 y 2016, con un incremento general del 7,3%, sólo se vincula por tanto a empleos con ingresos que no llegan al umbral de bienestar mínimo definido.

4. A pesar de la negativa evolución observada, no debe infravalorarse sin embargo el nivel de empleo de bienestar existente en Euskadi. Aunque el volumen de empleo de bienestar existente en 2016 resulta también inferior al de 2004 (-4,5%), un año más realista para la comparación que el 2008 (ver nota 2), el peso relativo del empleo de bienestar llega al 36% de la población de 16 a 64 años en 2016. Se trata de un porcentaje claramente superior al 26,1% de 1996 y al 33,6% del año 2000. El registro supera también el 35,3% de 2004 y es similar al 36,4% de 2012. Sólo se aleja claramente del 40% de 2008.

El pesimismo sobre el estado actual del empleo no tiene en cuenta el enorme impulso al empleo de bienestar que se observa en el sector servicios entre 1996 y 2008. A pesar de la caída posterior a la crisis, las más de 324.000 personas ocupadas con este tipo de empleo en los servicios, en 2016, superan en un 57,8% las existentes en 1996.

Es posible que, sin bases más sólidas en la industria y la construcción, y ante el riesgo de la automatización de parte del sector terciario, esta situación empeore en el futuro en términos de acceso a un empleo de calidad. Pero en 2016 aún se mantiene una realidad comparativamente favorable respecto a lo observado en el periodo 1996-2004.

A diferencia de los años 80 y 90, las perspectivas demográficas resultan además favorables. La salida hacia la jubilación de las generaciones del baby boom de los sesenta y setenta se traducirá en una línea descendente de la población entre 16 y 64 años que podría contribuir a una mejoría de la situación de ocupación de las nuevas generaciones de población trabajadora.

5. La mayor proporción de población empleada en 2016, en comparación con 2004 (65,3% frente a 60,3% en ocupación total; 36% frente a 35,3% en empleos de bienestar), es compatible con un aumento de las situaciones más difíciles ante el empleo en los últimos años. De esta forma, entre 2008 y 2016, el porcentaje de población de 16 a 64 años en hogares sin ingresos por trabajo, o con únicamente un ingreso situado por debajo del umbral de empleo de bienestar, remonta de 20,2 a 25,9%. El porcentaje de 2016 sólo queda por debajo del 33,3% de 1996 y del 30,7% de 2014, superando claramente tanto el 21,5% del año 2000 como las cifras cercanas al 20% de 2004 y 2008. En cifras absolutas, estas situaciones afectan en 2016 a casi 357.000 personas entre 16 y 64 años. Esta cifra supera en un 13,9% la existente en el año 2000, en un 20,6% la de 2004 y en un 23,9% la de 2008.

Entre los principales factores explicativos, además de la desigualdad existente en el acceso a los empleos de bienestar, puede destacarse la fragmentación y aumento del número de hogares (alrededor de un 20%  entre 1996/2000 y 2016) pero también de la presión que representa la inmigración. Entre 2004 y 2016, el incremento del volumen de personas sin ingresos de trabajo, o sólo con acceso a empleos que no garantizan el nivel mínimo de bienestar, se vincula en un 58,4% de los casos a población extranjera o con menos de 10 años de residencia en Euskadi.

En lo relativo a la evolución del precio de la vivienda

1. El aumento de la presión del gasto de acceso a la vivienda es, como señala Joseba Zalakain, otro de los aspectos llamativos de la dinámica social de las dos últimas décadas en Euskadi. En 1996 y 2000, el gasto en alquileres e hipotecas apenas suponía alrededor del 5,5% de los ingresos regulares de los hogares vascos (excluidos ingresos por asistencia social) encabezados por personas en edad activa. El peso de este gasto aumenta de forma progresiva hasta alcanzar el 13,3% en 2012 antes de reducirse al 11,6% en 2016, muy por encima todavía de los porcentajes de 1996 y 2000.

Sin embargo, el principal efecto del aumento de los precios de la vivienda se observa en los grupos más desfavorecidos de la sociedad. En las personas en hogares con ausencia de bienestar, pero no pobres, el peso del gasto en vivienda respecto a los ingresos (sin aportaciones de asistencia social) aumenta de cifras inferiores al 10% en 1996 y 2000 a 24,3% en 2008 y 42,1% en 2016. En el grupo en situación de pobreza real, el impacto es aún más llamativo. El peso sobre los ingresos analizados del gasto en alquileres e hipotecas pasa del 12,9% y 15,7% de 1996 y 2000 al 45,2% de 2008 y el 75,6% de 2012. La proporción apenas se reduce en 2016 hasta el 65,6%.

2. La dinámica observada se asocia al sustancial incremento de la proporción de personas en hogares enfrentados al pago de hipotecas y alquiler en las edades activas. En las personas en hogares con acceso al bienestar, esta proporción pasa de un 21,8% en 1996 a un 42,7% en 2008 y 49,3% en 2014, con una ligera caída, hasta el 46,4%, en 2016 (una cifra también inferior al 47,6% de 2012).

En el caso de las personas en hogares en situación de pobreza real o ausencia de bienestar, la proporción de población enfrentada a estos gastos de alquiler e hipotecas pasa del 29,8% de 1996 al 57,4% en 2008 y un máximo del 78% en 2016.

3. Dentro de los hogares encabezados por población en edad activa y gastos de hipotecas o alquiler, una sustancial diferencia entre los grupos en bienestar y aquellos ajenos al mismo es el destino del gasto en vivienda. En el primer caso, el destino del gasto se dirige muy mayoritariamente (entre un 75,7 y un 83,3% de los casos) a la adquisición de una vivienda en propiedad. En los grupos en ausencia de bienestar o pobreza real, en cambio, siempre resulta determinante el gasto destinado al pago del alquiler. El 51,3% de 1996 llega al 63,7% en 2008 y al 76,6% en 2012, con apenas una ligera variación descendente, hasta el 74,8%, en 2016.

Estos datos revelan que las principales problemáticas ligadas al acceso a la vivienda, en los grupos con mayor nivel de riesgo económico, se vinculan a las dificultades observadas en hacer frente a los alquileres.

4. La dinámica del coste de acceso a la vivienda cambia la percepción existente sobre los periodos de mayor o menor prosperidad económica real en Euskadi.

La consideración de los ingresos mensuales habituales de la población vasca revela que entre 1996 y 2008, el valor medio (en equivalencia per cápita y valores de 2016, sin tener en cuenta recursos de asistencia social) aumenta en Euskadi en un 35,1% (de 954,57 a 1.289,88 euros). Entre 2008 y 2016, los ingresos medios caen un 7%, hasta 1199.80, por encima sin embargo de todos los registros previos a 2004, con un máximo de 1.190,61 en el año 2000.

Tras descontar el gasto en alquileres e hipotecas, el nivel de ingresos mensuales habituales (sin ingresos de asistencia social) alcanza un nivel muy cercano en los años 2000 y 2008: 1.127,11 euros por 1.136,18 en 2008. Estas cifras son superiores, entre un 5,9 y un 6,7%, a las de 2016 (1.060,24 euros) que, sin embargo, superan los 1.026,61 euros de 2004.

Contemplados por separado los distintos grupos en la escala pobreza-bienestar, se comprueba que el valor más alto, en términos de ingresos mensuales habituales tras gastos de vivienda, es siempre superior (antes de las aportaciones de la asistencia social) en el año 2000 que en 2008. La prosperidad económica máxima de 2008 vino así asociada a altos costes asociados, ligados al acceso a la vivienda, que de facto limitaron los ingresos disponibles reales tras el pago de alquileres e hipotecas.

¿Cómo interviene en 2016 el sistema RGI/PCV/AES en el contexto de las dinámicas señaladas?

1. En los hogares de población en edad activa, y respecto al máximo de ingresos después de gastos de vivienda del año 2000, el nivel de ingresos de 2016 (antes de asistencia social) es apenas inferior en un 2,3% en la población en situación de bienestar (1.175,80 euros frente a 1.203,47). La mejora media de ingresos de 41,50 euros se ve compensada con un incremento de 69,18 euros en el coste de acceso a la vivienda. Pero la situación de 2016 no muestra un deterioro sustancial.

2. No ocurre lo mismo en los grupos más desfavorecidos. Así, la caída de ingresos disponibles (tras realización de los gastos de vivienda, y antes de asistencia sociales) es del 55,4% en 2016, respecto al año 2000, en la población en ausencia de bienestar (286,88 euros frente a 642,63). La pérdida de recursos llega al 72,2% en la población en situación de pobreza real (87,60 euros disponibles reales en 2016 frente a 315,32 en el año 2000).

Estas notables caídas en los ingresos disponibles (antes de asistencia social) entre 2000 y 2016 son el resultado de la combinación de dos factores negativos: la reducción de ingresos asociada a la crisis y el aumento del coste de acceso a la vivienda. En el grupo en ausencia de bienestar, la reducción de 355,74 euros disponibles se asocia en un 57,4% a la caída de ingresos y en un 42,6% a aumento del coste de acceso a la vivienda. Los datos son muy similares en el caso de la población en pobreza real, con un 47,6% de la pérdida de 227,72 euros asociada a la reducción de ingresos y un 52,4% al aumento de los costes de acceso a la vivienda.

3. Lo relevante del caso vasco, sin embargo, es la medida en que la política de garantía de ingresos relacionada con la asistencia social autonómica permite compensar en Euskadi el déficit observado, en especial a través del sistema RGI-PCV-AES. En la población en ausencia de bienestar, la caída del 55,4% en ingresos respecto a 2000 es sólo del 7,8% en el gasto efectivamente realizado. El sistema de garantía de ingresos compensa un 46,5% del deterioro asociado a la caída de ingresos y al aumento del precio de la vivienda. Frente a apenas una aportación del 2,2% de los ingresos tras gasto de vivienda en el año 2000, la aportación del sistema equivale a un 57,7% en 2016 (2,2% frente a 25% en términos de la aportación asistencial al total de ingresos).

En la población pobre, la reducción del 72,2% en ingresos respecto a 2000 es sólo del 2,5% en el gasto efectivamente realizado. El sistema de garantía de ingresos compensa un 91,8% del deterioro asociado a la caída de ingresos y L aumento del precio de la vivienda. Frente a una aportación del 22,5% de los ingresos tras gasto de vivienda en el año 2000, la aportación del sistema pasa al 44% en 2004, al 97,8% en 2008 y al 370,4% en 2012. Es aún del 238,6% tras la recuperación en 2016. En términos de la aportación asistencial al el total de ingresos de los grupos pobres, el aumento es del 15,9% en el año 2000 al 23,2% en 2004, el 34,9% en 2008 y el 47,5% en 2012. Es  todavía 45,1% en 2016.

4. A pesar del extraordinario esfuerzo realizado, en un contexto de desistimiento del Estado y de fuerte presión inmigratoria, el déficit de ingresos respecto al gasto empieza a ser significativo en los últimos años para la población. Es del 8,2% en 2016 en grupos en ausencia de bienestar. Era del 17,2% en 2012 en los grupos pobres, llegando al 19,4% en 2016.

Sin embargo, en este contexto difícil, el sistema RGI/PCV/AES ha seguido contribuyendo a prevenir con cierto éxito  la pobreza en Euskadi. Es uno de los hechos que explican que el País Vasco se sitúe en 2016 por debajo de cualquiera de los estados de la UE en el indicador más relacionado con la medición de la seguridad económica a largo plazo (la proporción de personas en hogares sin recursos para hacer frente a gastos extraordinarios).

Notas

(1) En una perspectiva a largo plazo, el nivel mínimo esperado por una persona sola para llegar a fin de mes se sitúa por término medio en 1.363,56 euros netos mensuales de 2016. En esta cifra podría situarse el umbral razonable de un ingreso laboral capaz de facilitar un mínimo bienestar, o ingreso de bienestar. Este artículo parte de ese valor como referencia de acercamiento al empleo de bienestar, con una mínima calidad por tanto en términos de ingresos netos.

(2) El análisis a largo plazo de los cambios observados en los últimos años toma en general como año de referencia a 2008, un procedimiento que tiene mucho de irreal. El periodo final del boom económico supuso una efímera edad de prosperidad económica que apenas duró unos pocos años. Se trató de un periodo tan breve y fugaz como la combinación de algunas de las dinámicas económicas que lo hicieron posible, en particular el boom totalmente coyuntural del empleo de bienestar en la construcción, con sus efectos expansivos indirectos en la industria y en los propios servicios.

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