Algunos datos sobre la dinámica comparada de la mortalidad por COVID-19 en residencias (Álava, Castilla y León, Lombardía y el Alto Rin francés)

INFORME GENERAL Y GRÁFICOS

Datos comparados sobre el impacto del COVID-19 en residencias de personas mayores

PRINCIPALES RESULTADOS

1. El decisivo impacto de los fallecimientos en centros de mayores en las zonas de mayor difusión de la epidemia

1.1. Un peso muy destacado, en muchos casos mayoritario, en el total de fallecimientos.

Uno de los aspectos más significativos de la epidemia de COVID-19 es su decisivo impacto en las residencias de personas mayores. El gráfico 1 muestra a tales efectos, la proporción de personas fallecidas en centros residenciales en el total de fallecimientos observados en las zonas analizadas y asociados a la infección.

Los datos disponibles revelan que la proporción mínima observada corresponde a la Lombardía, con un 34,8%, un porcentaje que asocia sin embargo a una fase relativamente temprana de la epidemia (básicamente en torno al 31 de marzo).

A 9 de abril, la menciona proporción se sitúa en Álava en un 45,1%. Teniendo en cuenta tanto los casos notificados como los asociados a síntomas propios del COVID-19 en residencias, llega ya a un 58,1% en Castilla y León. El porcentaje considerado alcanza incluso niveles del 73,4% en el departamento francés del Alto Rin.

Estos porcentajes elevados no sólo caracterizan a regiones muy afectadas por la epidemia, sino que pueden encontrarse también en zonas menos afectadas por el COVID-19. Así, en el caso de Gipuzkoa, se constata que un 70% de las muertes causadas por la infección corresponde, a 11 de abril, a personas usuarias de residencias para personas mayores.

El gráfico 2 muestra otro rasgo esencial de la dinámica relacionada con la pandemia del COVID-19. No se trata sólo de que el peso de los fallecimientos en residencias sea decisivo, sino que su peso en el total de muertes tiende a aumentar conforme avanza la extensión de la enfermedad. En el caso de Álava, por ejemplo, la proporción de fallecimientos en residencias se situaba en el 28,2-30,9% entre el 25 y el 27 de marzo, en el 33,0-36,6% en el periodo del 28 de marzo al 2 de abril y entre el 38,6 y el 39,1% el 3 y 4 de abril. A partir de esa fecha se supera el umbral del 40% para llegar a máximos del 44,8 al 45,1% entre el 7 y el 9 de abril.

La evolución alcista es aún más llamativa en el caso de Francia, uno de los pocos países que registra adecuadamente la evolución de las muertes en residencia. En este caso, tal y como puede observarse en el mismo gráfico 2, la proporción que corresponde a personas en residencias en el total de fallecimientos pasa de un 18,1% el día 2 de abril a un 30,6% el 4 de abril. Entre el 9 y el 11 de abril, la mencionada proporción alcanza cifras de 42,3 a 44,7%.

1.2. Un impacto decisivo en la mortalidad de las personas residentes y, por extensión, de las personas mayores

El gráfico 3 recoge la proporción de personas fallecidas por COVID-19, o con síntomas asociados, en los centros residencias para personas mayores de las distintas zonas analizadas, calculadas por 1.000 personas residentes.

Con 34,6 fallecimientos por 1.000 personas residentes en centros de mayores, la proporción más baja corresponde a Álava. La misma cifra puede observarse en el caso de Castilla y León, aunque en este caso corresponde al conjunto de residencias tanto de mayores como de personas con discapacidad. Dado que en este último grupo de población los fallecimientos tienden a ser reducidos, el indicador real para centros de mayores resultaría por tanto superior al alavés.

La cifra considerada resulta, en cualquier caso, mucho más elevada en las demás zonas analizadas. Llega a situarse en 47,5 fallecimientos por 1.000 personas residentes en el Alto Rin y en 68,0 en Lombardía.

El impacto de los fallecimientos en residencias, asociados al COVID-19 o a síndromes equivalentes, resulta especialmente alto en las residencias asistidas italianas y se extiende incluso a zonas de menor riesgo epidémico. Así, el 30,2 por mil de las regiones italianas de impacto medio se acerca a las muy afectadas por la epidemia en el caso español y vasco. Se sitúa apenas algo por debajo del 34,6 por mil de Álava.

No obstante, si se comparan (tal y como hace el gráfico 4) los datos de mortalidad con la población de máxima concentración de los fallecimientos, la mayor de 75 años, el impacto en Lombardía resulta comparativamente algo menor y se reduce a 3,3 por mil personas mayores de 75 años. La razón es una menor tasa de residencialización, al menos en el tipo de residencias asistidas consideradas en el estudio del ISS italiano que sirve de fuente de información. El estudio del ISS se centra, en este sentido, en las residencias de mayores con alta presencia de personas discapacitadas o con diversos tipos de demencia senil.

En todo caso, el menor impacto relativo vuelve a afectar a Álava, con 3 muertes por mil personas mayores de 75 años. Las cifras son muy superiores en Castilla y León (4,7) y en el departamento francés del Alto Rin (5,5). Aunque no se ha podido disponer de información suficientemente acreditada por las instituciones autonómicas competentes,  estos niveles resultarían aún mayores en las comunidades más afectadas por las muertes en residencias en España, la región de Madrid y la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha.

1.3. Un alto nivel de letalidad entre las personas afectadas en residencias.

Un aspecto decisivo que debe resaltarse en este documento es la alta letalidad del COVID-19 entre las personas contagiadas en residencias. El gráfico 5 recoge, a este respecto, el porcentaje de personas fallecidas por COVID-19 (o con síntomas asociados) respecto al total de casos notificados o sospechosos en los centros residenciales para mayores. Las cifras oscilan en este caso entre el 17,9% observado en el Alto Rin y el 25,5% de Castilla y León. Álava se sitúa en este indicador en un nivel intermedio, con un 22%.

Los datos muestran que, para las personas infectadas, se trata de cifras de letalidad extremadamente altas que, de mantenerse durante un periodo largo en el tiempo, pueden tener graves consecuencias en términos de sobremortalidad.

2. Una evidente sobremortalidad asociada al COVID-19: el caso de Lombardía.

Una de las cuestiones fundamentales a analizar en el futuro será el impacto de esta sobremortalidad asociada al COVID-19 en el sector residencial para personas mayores. Los datos que se ofrecen en el gráfico 6 para las distintas regiones italianas permiten sin embargo una primera aproximación de interés. De esta forma, si se detrae de la mortalidad general por todas las causas la media italiana general de fallecimientos no relacionados con el coronavirus (5,4%, con una variación razonable entre zonas del 4,4 al 6,7%), puede obtenerse una primera aproximación general al exceso de fallecimientos atribuible al COVID-19.

En el caso de las personas en residencia en Lombardía, la sobremortalidad mencionada puede asociarse a un volumen de casos equivalentes al 8,3% de la población residente en los centros. Teniendo en cuenta que el periodo de tiempo considerado en el estudio del ISS italiano corresponde a un máximo de dos meses, se trata por tanto de una sobremortalidad realmente extraordinaria. En el resto de grupos de regiones italianas, el impacto de esta sobremortalidad se sitúa entre un 0,6% en las zonas menos afectadas y un 2,0% en las zonas de impacto moderado de la epidemia.

De cara a valorar la relevancia de esta sobremortalidad, es preciso tener en cuenta que, como también ocurre en otras de las regiones analizadas, en particular en el caso de Álava, la epidemia se desarrolla en un contexto en el que no todas las residencias se ven afectadas. Lo que implica que, en los centros afectados, la sobremortalidad supere en realidad las cifras señaladas. En el caso de la Lombardía, por ejemplo, en un 23% de los centros se detecta una tasa de mortalidad superior al 10% como consecuencia del impacto (real o probable) del COVID-19.

Los datos más generales de mortalidad, por ejemplo el 5,4% mencionado de muertes no COVID-19, indica sin embargo un hecho generalmente poco valorado en el análisis de la situación de las residencias. En especial en los centros de atención a personas con alto nivel de dependencia o enfermedades graves asociadas, el nivel de mortalidad estructural ya resulta elevado, incluso en ausencia de impacto de una situación epidémica como la del coronavirus actual. En el caso italiano, se situaría ente un 25 y un 40% de la población que pasa por las residencias asistidas a lo largo de un año. Aunque no es objetivo de este pequeño informe profundizar en esta cuestión, en el sistema general de residencias que conocemos en España y en Euskadi, este intervalo tenderá a situarse entre el 15 y el 30%.

Lo que se pretende señalar con lo anterior es que, incluso sin coronavirus, un rasgo esencial de las residencias de mayores es la alta mortalidad y su fuerte contribución, también en tiempos normales, a los fallecimientos que se observan entre personas mayores. Por esa razón, convendría reflexionar en el futuro no sólo sobre los procesos a desarrollar para minimizar la mortalidad en tiempos de emergencia, o al menos para minimizar el dolor asociado a estos fallecimientos, también en tiempos más estables y normales.

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En conjunto, los datos presentados muestran el enorme impacto del COVID-19 en las residencias de aquellas regiones en las que la extensión de la transmisión comunitaria ha conseguido romper las barreras preventivas establecidas.  La información disponible revela que, en esas circunstancias, la incidencia de la mortalidad asociada alcanza niveles muy elevados. Esto es cierto en Euskadi (Álava) y en otras comunidades autónomas del Estado (Castilla y León, y aún más claramente en Madrid o Castilla-La Mancha), pero también los en zonas de alto desarrollo económico y social de Francia o Italia. Los datos del departamento del Alto Rin (zona de Mulhouse/Colmar) o de la Lombardía, en general con indicadores más duros que los observados en Álava, lo muestran de forma palpable.

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