CategoríaDemografía

Desigualdad económica y bloqueo de los procesos de acceso a la emancipación y a la paternidad/maternidad en España

1. Introducción

Algunas investigaciones recientes sobre la relación entre fecundidad y brecha de género en los ingresos laborales han puesto de manifiesto una de las formas relevantes de desigualdad a las que se enfrenta la población femenina en España. Los datos revelan, en este sentido, que el acceso a la maternidad viene asociado a un aumento de la distancia existente entre los ingresos laborales medios de las nuevas madres y los que corresponden a sus parejas masculinas. De esta forma, en la aproximación a esta cuestión en la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), se observa en la población de 20 a 44 años no estudiante que el diferencial de los ingresos laborales medios en perjuicio de la población femenina se amplía de -18,9% en parejas sin hijos o hijas a -27,8% en parejas con un hijo o hija.

Este artículo no pretende profundizar en esta cuestión[1] sino en otras formas de desigualdad que resultan relevantes para entender los procesos que en España limitan el acceso a la maternidad (o a la paternidad) y, de forma más general, el mero acceso a una vida plenamente independiente fuera del hogar familiar de origen. Lo llamativo de estos procesos es que tienen mayor impacto relativo entre la población masculina.

Los datos que se presentan en el documento, con el objetivo de analizar la relación entre la desigualdad de origen ante la emancipación y el acceso a la paternidad o la maternidad se obtienen (vía elaboración propia) de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE. Los datos de ingresos se ajustan previamente al nivel de vida, medido en términos del acceso al mínimo de bienestar que se deriva de la pregunta HS130 de la ECV.

El análisis se centra en la población mayor de 20 años y menor de 45 años durante los años 2016 a 2018. La población entre 20 y 24 años que sigue desarrollando estudios queda sin embargo al margen del análisis.

2. La desigualdad de origen ante la emancipación y a la paternidad o maternidad en España

Se aportan a continuación una serie de datos que avalan la conclusión de que, entre 2016 y 2018, el bloqueo de los procesos de reproducción social y demográfica sigue caracterizando a la población joven en España, un bloqueo que tiene mayores implicaciones entre la población masculina. La base de este bloqueo es económica y refleja la fuerte desigualdad que se observa entre la población adulta joven en España en el acceso a los recursos.

2.1.  El bloqueo de los procesos de reproducción social y demográfica sigue caracterizando a la población joven en España

El principal factor que limita una mínima posición de igualdad de la población joven ante el acceso a la maternidad o la paternidad es previo a la posible decisión sobre la llegada de un nuevo hijo o hija en una pareja constituida. En este sentido, un hecho a considerar de partida es la importancia del bloqueo de los meros procesos de acceso a una vida independiente que aún caracteriza, en España, a la población adulta joven.

Este bloqueo de los procesos de emancipación tiene mayores implicaciones entre la población más joven. Tal y como revela el Gráfico 1.a, apenas un 24,8% de la población de 20 a 29 años no estudiante ha conseguido emanciparse. La proporción llega en cambio al 79,3% en la población de 30 a 44 años.

En la misma línea, al considerar los gráficos 1.b y 1.c se observa que, en el grupo de 20 a 29 años, las personas en pareja y que viven con un hijo o hija en el hogar[2] apenas representan un 9% de la población de referencia, proporción que es apenas del 3% en lo relativo a la presencia de dos o más hijos. En las personas de 30 a 44 años, la proporción de personas emancipadas y en pareja que tienen al menos al menos un hijo o hija en el hogar alcanza un 52,1%, pero no pasa del 29,2% en lo relativo a la presencia de dos o más hijos o hijas.

Gráfico 1.a

Gráfico 1a

Gráfico 1.b

Gráfico 1b

Gráfico 1.c

Gráfico 1c

Los procesos de reproducción social y demográfica se ven por tanto condicionados, en la población de 20 a 44 años no estudiante, por dos hechos fundamentales: por una parte, la mayor parte de la población joven entre 20 y 29 años, un 75,2%, no se emancipa del hogar de origen; por otra parte, la mayor parte de las personas de 30 a 44 años que conviven en pareja, un 70,8%, no tienen un segundo hijo o hija.

2.2.  El bloqueo considerado tiene mayores implicaciones entre la población masculina

El aspecto más relevante, sin embargo, es que el bloqueo de los procesos de reproducción social y demográfica afecta de manera mucho más decidida a la población masculina. Los siguientes hechos lo ponen de manifiesto:

a) Como se observa en el Gráfico 2.a, en la población entre 20 y 44 años analizada, la proporción de mujeres efectivamente emancipadas es 11,3 puntos porcentuales superior a la de los hombres (71,7% frente a 60,4%).

Las diferencias entre hombres y mujeres se constatan a todas las edades, pero son mayores en la población más joven. En las personas de 30 a 44 años, el porcentaje de mujeres emancipadas es 8,6 puntos superior (83,6% frente a 75%). En las de 20 a 29 años, la diferencia es de 15,2 puntos a favor de la población femenina (32,8% frente a 17,6%).

Gráfico 2.a

Gráfico 2a

Gráfico 2.b

Gráfico 2b

b) Las diferencias son mucho más llamativas al considerar, en el gráfico 3.a, el peso que suponen las personas emancipadas que viven en parejas y con al menos un hijo o hija. En este caso, frente a un 51,4% de mujeres en esta situación entre la población de 20 a 44 años, la proporción es de apenas un 34,9% entre los hombres.

Las diferencias resultan llamativas tanto entre los 30 y 44 años (61,6% de las mujeres en esta situación frente a 45,2% de los hombres) como entre las personas de 20 a 29 años (18,2 frente a 4,5%). EL hecho verdaderamente relevante, en cualquier caso, es comprobar que más de la mitad de los hombres, incluso entre los 30 y 44 años, no acceden en España a una vida en pareja y con al menos un hijo o hija[3].

Gráfico 3.a

Gráfico 3a

Gráfico 3.b

Gráfico 3b

c) Como muestra el gráfico 4.a, la vida en pareja y con presencia de dos o más hijos o hijas en el hogar es una realidad siempre minoritaria, pero de nuevo más claramente extendida entre las mujeres entre 20 y 44 años (27,5% frente a 18,8% entre los hombres).

Esta dimensión minoritaria lo es incluso entre los 30 y 44 años (34,3% entre las mujeres frente a 24,8% en la población masculina), con unos niveles residuales entre personas entre 20 y 29 años no estudiantes, en especial entre los hombres (0,9% de hombres en pareja y conviviendo con dos o más hijos/as por 5,7% entre las mujeres).

Gráfico 4.a

Gráfico 4a

Gráfico 4.b

Gráfico 4b

2.3.  La base del bloqueo reproductivo es económica y refleja la fuerte desigualdad interna entre la población joven

Los datos disponibles ponen de manifiesto la base económica de los hechos diferenciales señalados. Pero no son sólo indicativos de una desigualdad entre la población adulta joven en España y el resto de la población. También es relevante el nivel de desigualdad que afecta internamente a la propia población entre 20 y 44 años no estudiante. Los datos más importantes a este respecto son los siguientes:

a) Cuanto menor es el ingreso mensual medio de las personas jóvenes analizadas, menor es el acceso a la emancipación y a la vida en pareja con al menos un hijo o hija presente en el hogar.

Como muestra el gráfico 1.a, en lo relativo a la emancipación, apenas un 51,1% de las personas de 20 a 44 años no estudiantes que ingresaron en el periodo analizado (2016-2018) menos de una media mensual de 700€ han accedido a la vida independiente al margen del hogar de origen, con cifras del 66,6% en caso de ingresos entre 700 y 1.099€, del 73,8% en caso de ingresos de 1.100 a 1.499€ y un máximo del 86,8% si se superan los 1.500€.

Otro hecho a destacar, a partir del gráfico 2.b, es que el diferencial entre hombres y mujeres no hace sino aumentar, en perjuicio de la población masculina, conforme se reducen los ingresos disponibles: -41,3% de diferencia en la proporción de personas efectivamente emancipadas en caso de menos de 700 euros; -21,1% entre 700 y 1.099€ y -12,8% entre 1.099 y 1.500€. Sólo hay equilibrio entre hombres y mujeres en presencia de ingresos superiores a los 1.500 euros (-1,6% de diferencia en la proporción de personas efectivamente emancipadas respecto a la población femenina).

La falta de recursos económicos limita de forma muy notable, por tanto, el proceso de emancipación de los hombres adultos jóvenes.

b) Las mismas tendencias se observan al considerar, en el gráfico 1.b, la presencia de un hijo o hija en el hogar de parejas emancipadas. De nuevo, sólo se observa cierto equilibrio en presencia de ingresos comparativamente elevados. De esta forma, apenas un 34,7% de las personas de 20 a 44 años no estudiantes que ingresaron menos de una media mensual de 700€ viven con la pareja y al menos un hijo/a, con cifras del 39,5% en caso de ingresos entre 700 y 1.099€, del 44,7% en caso de ingresos de 1.100 a 1.499€ y un máximo del 53,4% si se superan los 1.500€.

Lo más llamativo de nuevo (ver gráfico 3.b) es que el diferencial entre hombres y mujeres no hace sino aumentar, en perjuicio de la población masculina, conforme desciende el nivel de ingresos. Así, se sitúa en -62,3% de diferencia en la proporción de personas efectivamente emancipadas en caso de menos de 700 euros; en -36,7% entre 700 y 1.099€ y en -20% entre 1.099 y 1.500€). Sólo hay equilibrio entre hombres y mujeres en presencia de ingresos superiores a los 1.500 euros (-4% de diferencia en la proporción de personas efectivamente emancipadas).

La desigualdad interna a la población adulta joven resulta por tanto decisiva en el bloqueo de los procesos de emancipación, en especial entre los hombres. Y la desigualdad, como muestra el gráfico 5, es un factor determinante en este colectivo. Así, la media de ingresos de la población de adultos jóvenes con una media de ingresos mensual en el último año superior a los 1.100 euros es 4 veces superior a la de los que dispusieron de menos de este nivel de ingresos (1.823,23 euros de media mensual frente a 455,01 euros). Las diferencias se observan además en todos los grupos por sexo y edad.

Gráfico 5

Gráfico 5

Las implicaciones de estas diferencias resultan decisivas. En este sentido, como muestra el gráfico 6, se constata que el 39,7% de personas entre 20 y 44 años que disponen de ingresos iguales o superiores a los 1.100 euros acumulan un 72,5% de los ingresos totales (66,6% por apenas un 36% de la población joven analizada si se considera en exclusiva a las personas de 30 a 44 años). En esta dimensión, como revela el gráfico 5, la posición comparada de la población masculina resulta más favorable, con ingresos en general algo mayores que los de la mujer, en especial entre los 30 y 44 años para los grupos con mayores ingresos (1.897,51 frente a 1.781,43).

La contrapartida es ese 60,3% de población entre 20 y 44 años que sólo controla un 27,5% de los ingresos totales. En este caso, el desfase es algo mayor entre los grupos más jóvenes, pero con pocas diferencias por sexo. No obstante, la proporción de mujeres vuelve a ser superior (33,4% de mujeres por 26,9% de hombres que acceden, respectivamente, a un 14,7% y un 12,8% de los ingresos totales).

Gráfico 6

Gráfico 6

En cualquier caso, ni siquiera entre los hombres de 30 a 44 años resultan dominantes los salarios de cierto nivel. Como muestra el gráfico 7, la proporción de hombres en este grupo de edad y con ingresos superiores a los 1.100 euros mensuales de media sólo llega al 56,3%, un porcentaje que es mucho menor, del 38,9%, entre las mujeres. Las proporciones son inferiores al 20% en las personas de 20 a 29 años no estudiantes (18,4% entre los hombres y 12,2% entre las mujeres).

En conjunto, sólo un 39,7% de la población de 20 a 44 años dispuso de ingresos iguales o superiores a los 1.100 euros mensuales medios durante el último año a lo largo del periodo 2016-2018.

Gráfico 7

Gráfico 7

El conjunto de factores detallados es el que explica el impacto de la desigualdad y la precariedad económica en el bloqueo de los procesos reproductivos, con particular incidencia en los hombres adultos jóvenes con menores recursos disponibles.

NOTAS

[1]   Su análisis requeriría tener sin embargo en cuenta las distintas tendencias en la dinámica de la masa salarial. Así, frente al 71% de la misma asociada a parejas sin hijos/as en mujeres de 20 a 29 años, la proporción cae al 45,6% entre los 30 y 34 años, al 21,1% entre los 35 a 39 años y al 18,1% entre los 40 y 44 años. En los casos en los que las mujeres han tenido algún hijo o hija con quienes conviven, por tanto, la caída de ingresos medios en la población femenina que accede a la maternidad se vincula al progresivo aumento de la parte de la masa salarial total que corresponde a esta población conforme aumenta la edad.

[2]   Se utiliza este indicador como aproximación proxy al impacto del número de hijos/as en la población tanto femenina como masculina.

[3]   Habría que comprobar, no obstante, el efecto de divorcios y separaciones en este resultado. La distancia respecto a la población femenina resulta, en cualquier caso, inequívoca.

Factores a considerar en el análisis de la caída de la fecundidad en España entre 2016 y 2018. Luis Sanzo

  1. Introducción

Este documento analiza algunos aspectos principales a tener en cuenta en el análisis de la caída de la fecundidad en España en el periodo 2016-2018. El enfoque se centra principalmente en aquellos factores de base esencialmente económica que están teniendo relevancia en este proceso.

Los datos que se presentan muestran la influencia de factores de importante trasfondo económico en la caída de la fecundidad en España a partir de 2016. Los más relevantes se vinculan, por una parte, a un nuevo retraso en los procesos de emancipación de las generaciones de mujeres españolas jóvenes; por otra, a las mayores dificultades a las que se enfrentan las mujeres emancipadas que pertenecen a hogares que carecen de recursos suficientes para hacer frente a sus necesidades mínimas para llegar a fin de mes. En especial en algunas comunidades autónomas, la línea de caída de los indicadores de fecundidad que se extiende a los hogares con recursos económicos suficientes se relaciona igualmente con aspectos que revelan cierto deterioro económico asociado. En este último caso no obstante, las razones de la caída de la fecundidad no son fáciles de interpretar en estos momentos, ni en un sentido socio-económico ni en un sentido de cambio cultural.

1. La sorprendente caída de la fecundidad en España en el periodo 2016-2018

En lo relativo a la dinámica de la fecundidad en España, el periodo 2016-2018 se caracteriza por unos cambios que resultan sin duda extraordinarios.

Este carácter extraordinario se resume en tres hechos fundamentales que pueden destacarse en el análisis de los datos contenidos en el gráfico 1. Por una parte, a lo largo del periodo de expansión económica que va desde mediados de los años 90 hasta 2008, así como durante la posterior recuperación de la economía a partir de 2013, nunca se había observado en España una caída bienal del Indicador Coyuntural de Fecundidad (ICF) durante la fase alcista del ciclo económico. Entre 2016 y 2018, sin embargo, el número de hijos o hijas por mujer se reduce de forma sustancial y pasa de 1,34 en 2016 a 1,26 en 2018.

Por otra parte, la caída del periodo 2016-2018 se produce durante los años de mayor consolidación del proceso de relanzamiento económico posterior a 2013-2014, en completo contraste con lo observado en el periodo 2005-2008, con un aumento del ICF de 1,33 a 1,44 en aquel trienio.

Finalmente, desde 1996, la caída de prácticamente 0,8 puntos en el indicador que se da entre 2016 y 2018 (de 1,34 a 1,26) no tiene antecedentes salvo en el periodo 2011-2013, con una caída del número de hijos e hijas por mujer de 1,34 a 1,27. A diferencia del periodo más reciente, caracterizado por el crecimiento económico, el situado entre los años 2011 a 2013 se vinculó sin embargo a la segunda fase de la crisis posterior a 2008. De esta forma, la misma reducción brusca de la fecundidad que caracterizó a la fase máxima de recesión económica posterior a la crisis financiera se observa en el periodo de máxima recuperación de la economía española tras esa crisis. Los datos disponibles indican además que, lejos de mejorar en 2019, la línea depresiva en los procesos de fecundidad y natalidad parece tender a consolidarse.

Gráfico 1

Gráfico 1

Fuente: Indicadores de fecundidad. INE.

2. Algunos hechos relevantes para interpretar los cambios actuales en la fecundidad

Para cualquier persona interesada en la evolución social de España es inevitable preguntarse, más allá de los discursos dominantes, sobre las causas de este cambio demográfico a priori difícilmente inexplicable. Como ya he señalado, al tratar de buscar explicaciones, mi interés se centra esencialmente en las que se relacionan con las carencias económicas que históricamente han afectado a las generaciones de adultos jóvenes en España. Y de hecho, como podrá comprobarse, existen factores estructurales, asociados habitualmente a formas de precariedad económica, que contribuyen a explicar la caída de la fecundidad en España desde 2016. La influencia de estos factores se analiza a partir de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE (ECV), la única fuente que permite un cierto análisis combinado de los indicadores de precariedad económica y de reproducción demográfica.

En la dirección señalada, y aunque sin poder en estos momentos dar respuestas definitivas, pueden señalarse al menos algunos hechos relevantes de cara a una posible interpretación de las tendencias actuales en materia de fecundidad.

2.1.  La caída de la fecundidad entre 2016 y 2018 afecta fundamentalmente a las mujeres nacionales

En los dos últimos años, el ICF se reduce en España de un valor de 1,341 hijos por mujer en 2016 a 1,264 en 2018.

La reducción de -0,077 puntos que se observa en el indicador dista mucho de distribuirse de forma equilibrada entre la población femenina en función de la edad y la nacionalidad. En este sentido, el gráfico 2.a muestra que, en la población extranjera, los valores del ICF se ven orientados al alza en las mujeres mayores de 30 años, con una tendencia a la estabilización en los grupos de menor edad. En el colectivo de 25 a 29 años de origen extranjero, esta línea de estabilidad muestra apenas una leve dinámica descendente.

Gráfico 2.a

Gráfico 2a

Fuente: Elaboración propia a partir de Indicadores de fecundidad. INE.

Es por tanto en la población nacional donde se detecta la línea de caída de la fecundidad en el periodo analizado. Limitando el análisis a los grupos de edad y nacionalidad donde se observan caídas en las tasas parciales de fecundidad entre 2016 y 2018, se comprueba en el gráfico 2.b que únicamente un 2,6% de la caída en la aportación al ICF es atribuible a la población extranjera entre 25 y 29 años. El resto se asocia a mujeres con nacionalidad española.

El núcleo central de la caída se vincula, dentro de la población nacional, a los grupos de edad en los que mayores tienden a resultar las tasas de fecundidad. Así, un 57% de la caída analizada corresponde a las mujeres entre 30 y 39 años. Dentro de este bloque, la mayor caída corresponde a las mujeres entre 30 y 34 años (39,8% frente al 17,2% atribuible al grupo de 35 a 39 años).

El 40,4% de la caída en el ICF se vincula a la reducción de las tasas de fecundidad entre las mujeres menores de 30 años, de nuevo con un peso mayor en el grupo de edad con mayores tasas de fecundidad. Así, un 26% de la caída es atribuible a las mujeres entre 25 y 29 años por un 14,4% a las menores de 25 años.

Gráfico 2.b

Gráfico 2b

Fuente: Elaboración propia a partir de Indicadores de fecundidad. INE.

Los datos muestran que, en lo fundamental, la caída de la fecundidad en España es, al menos por ahora, un problema que afecta esencialmente a mujeres de nacionalidad española entre 20 y 39 años. De esta forma, el análisis que se desarrolla en el resto del apartado 2 se centra de forma exclusiva en este colectivo de población nacional.

2.2. La reducción de las tasas de emancipación caracteriza a las mujeres entre 20 y 34 años, con implicaciones evidentes sobre la fecundidad

2.2.1. La caída de las tasas de emancipación

Analizando los factores subyacentes a la caída de la fecundidad entre las mujeres españolas de 20 a 39 años, un primer dato a destacar es que entre 2016 y 2018 no sólo se mantiene el modelo español de acceso muy retardado a la emancipación sino que éste se intensifica. Se trata de un factor condicionante esencial del acceso a las formas de vida independiente a las que se asocian, de forma dominante, los procesos de reproducción de la población

Analizando los datos, los gráficos 3.a a 3.c muestran que, a pesar de la recuperación económica, entre 2016 y 2018 se reducen las tasas de emancipación en los distintos grupos de población femenina entre 20 y 39 años.

Gráfico 3.a

Gráfico 3.a

Gráfico 3.b

Gráfico 3.b

Gráfico 3.c

Gráfico 3.c

Gráfico 3.d

Gráfico 3.d

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ECV. INE.

En el caso de las mujeres entre 20 y 24 años, la proporción de mujeres emancipadas de 2017 y 2018 (5,7 y 5,1%) se reduce de forma continuada desde el 7,6% de 2015 y el 6,6% de 2016. El porcentaje de 2018 es el más bajo desde 2008 y se aleja de las cifras del 8,4 al 9,2% del periodo 2009-2012.

En las mujeres de 25 a 29 años, las cifras entre el 33,0 y 33,9% de 2017 y 2018 quedan por debajo del 35,9% de 2016. Sólo superan el 30,3% de 2011 y el 31,9% de 2015 y quedan claramente por debajo de las cifras de 39,7 a 40,5% del periodo 2008-2010.

Sólo a partir de los 30 años el proceso de emancipación se hace mayoritario. Sin embargo, la línea de caída de la emancipación se extiende igualmente a este grupo de mujeres. En el grupo de 30 a 34 años, la tendencia descendente de los procesos de emancipación se mantiene desde 2014, año en el que la proporción de mujeres emancipadas llegaba al 75,2%. Tras remontar del 72,7 al 73,8% entre 2015 y 2016, la línea descendente se intensifica en 2017 y 2018, con cifras del 72,4% y del 69,9%.

En este grupo de mujeres, el porcentaje de población emancipada de 2018 es el más bajo desde 2008, por debajo tanto del 72,7% de 2007 como de las cifras de 72,3 a 74,2% del periodo de crisis. En realidad, 2018 es el único año en el que la proporción de mujeres emancipadas cae por debajo del 70%.

La tasa de emancipación se mantiene en niveles altos y relativamente estables únicamente entre las mujeres entre 35 y 39 años. Pero incluso en este grupo de mujeres, la proporción de mujeres emancipadas de 2018 se sitúa en niveles comparativamente bajos: 85,5%, por debajo de los niveles cercanos al 87% de 2014, 2015 y 2017.

El gráfico 4 resume la dinámica de las tasas de emancipación para el conjunto de la población femenina en las edades más afectadas por la caída de los procesos de acceso a una vida independiente, entre los 20 y 34 años. Se confirma no sólo la caída continuada de las tasas desde el 41,7% de 2016 al 39,3% de 2017 y el 38,6% de 2018. Más relevante aún es comprobar que los registros de 2017 y 2018 son los más bajos desde 2008. En realidad, tras aumentar de 43,2% en 2008 a 46,3% en 2010, se observa una tendencia globalmente descendente a partir de entonces que desemboca en los mínimos actuales. La recuperación económica en España a partir de 2013-2104 no ha servido, por tanto, más bien al contrario, para facilitar la emancipación de la población femenina de nacionalidad española entre 20 y 34 años.

Gráfico 4

Gráfico 4

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ECV. INE.

Se trata de una conclusión extremadamente preocupantes que muestra una situación peor de esta población, en términos de acceso a una vida independiente, respecto tanto a 2008 como a la situación existente durante el periodo de crisis.

2.2.2. La caída paralela de la proporción de mujeres con al menos un hijo o hija

La dinámica de los procesos de emancipación condiciona los procesos efectivos de reproducción de la población. De ahí el paralelismo existente con la evolución de la proporción de mujeres con al menos un hijo o hija en el hogar. En el caso de la población femenina entre 20 y 34 años, 2018 marca de nuevo la proporción más baja desde 2008, con apenas un 18% de mujeres con uno o más hijos o hijas en el hogar. Aunque de impacto limitado, esta cifra supone una caída significativa. De hecho, la proporción considerada se mantiene en niveles entre el 19,8 y el 20,9% durante prácticamente todo el periodo 2008-2017, con las únicas excepciones del 18,9% de 2015 y del mínimo ya mencionado para 2018.

El análisis de los datos por grupos de edad, en los gráficos 3.a y 3.b, muestra sin embargo una caída más intensa y prolongada a partir de 2016 en el caso de las mujeres más jóvenes.

En el grupo de 20 a 24 años, una proporción prácticamente marginal de la población femenina tiene hijos o hijas en el hogar, una proporción que no hace sino caer además a partir de 2016. Así, frente a las cifras de 2,9 a 3,3% de mujeres de esa edad con hijos o hijas en el hogar entre 2014 y 2016, la proporción cae al 2,4% en 2017 y al 1,6% en 2018, la proporción más baja desde el 2,2% de 2008 y el 2,3% de 2013. Si se exceptúa la ligera recuperación del periodo 2013-2015, se observa en realidad una línea tendencialmente descendente desde el 4,2% de 2011 hasta el 1,6% de 2018.

Aunque de forma menos intensa, la misma tendencia se repite entre las mujeres de 25 a 29 años. En este caso, la proporción de mujeres con al menos un hijo o hija en el hogar cae del 13,5% de 2016 al 12,8% de 2017 y el 12,3% de 2018. La línea tendencialmente descendente se observa ya, sin embargo, desde el 14,4% de 2013.

El gráfico 3.c muestra en cambio, entre las mujeres de 30 a 34 años, un repunte alcista hasta 2017 en la proporción de mujeres con al menos un hijo o hija en el hogar, desde un mínimo del 35,9% en 2015 a un máximo del 41,9% en 2017. El 35,9% de 2018 supone sin embargo una brusca caída respecto a 2017 que devuelve al colectivo a los niveles mínimos de 2015. La caída resulta significativa para entender la lógica de la caída de la fecundidad en España durante este periodo.

En ninguno de los grupos menores de 35 años se observa una mayoría de mujeres con al menos un hijo o hija en el hogar. Esta mayoría sólo puede encontrarse en el grupo de mujeres entre 35 y 39 años, con un 60,9% en 2018. Se trata sin embargo de una de las cifras más bajas desde 2008. De hecho, partiendo de niveles de 62,8-63,6% en 2008-2009, la proporción de mujeres de estas edades con al menos un hijo o hijo en el hogar aumenta hasta el 66,2% en 2011. Tras una caída prolongada durante la crisis, hasta el 61,2% de 2014, entre 2015 y 2018 la proporción se estabiliza en niveles algo incluso ligeramente más bajos, entre el 60,8% y el 61%.

En conjunto, como muestra el gráfico 5, en el conjunto de la población española entre 20 y 39 años, después de situarse entre el 32,9 y el 34% entre 2008 y 2017, la proporción de mujeres con al menos un hijo o hija en el hogar se reduce bruscamente al 31,9% en 2018.

Gráfico 5

Gráfico 5

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ECV. INE.

2.3.  El número medio de hijos/as por mujer tiende a la baja entre las mujeres emancipadas

De forma más sorprendente, entre 2016 y 2018 el número medio de hijos o hijas en el hogar también cae de forma significativa entre las mujeres de 20 a 39 años que se encuentran efectivamente emancipadas, tanto entre las pertenecientes a hogares con recursos insuficientes como en las que residen en hogares con ingresos suficientes. En este sentido, los gráficos 6.a y 6.d, revelan los siguientes aspectos:

a) En hogares en situación de riesgo económico, tras caer de una media de 1,01 hijos o hijas por mujer en 2009 (por encima de los 0,97 de 2008) a 0,95 en 2013, el indicador remonta hasta un máximo de 1,03 en 2016. El número medio de hijos/as se estabiliza entonces en 2017 para caer con posterioridad a 1,00 en 2018.

En este colectivo, la línea descendente del periodo 2017-2018 se observa a todas las edades pero de manera mucho más destacada entre las personas de 35 a 39 años (de 1,27 a 1,20).

b) En hogares sin riesgo económico, el número medio de hijos o hijas por mujer cae de 0,97 en 2008 a 0,85 en 2010. El indicador remonta a 0,92 en 2011, nivel en el que se mantiene estable hasta 2014. Después de retroceder de nuevo hasta 0,89-0,90 en 2015 y 2016, el número de hijos o hijas por mujer aumenta a 0,96 en 2017. Como en las mujeres en hogares sin riesgo, el indicador cae sin embargo a 0,94 en 2018. La caída es particularmente fuerte entre los 30 y 34 años.

Los datos muestran por tanto, entre 2016 y 2018, una dinámica muy similar entre las mujeres emancipadas en función del nivel de riesgo económico del hogar. La línea de caída se limita en ambos casos, además, al periodo 2017-2018. Como muestra el gráfico 7, esta dinámica se produce en un contexto en el que, como resulta lógico en un periodo de recuperación, aumenta la proporción de mujeres emancipadas que residen en hogares con recursos suficientes. En el caso de las mujeres de 20 a 39 años emancipadas y que viven en pareja, esta proporción era de apenas un 49,6% en 2008 pero aumentaba hasta el 60% en 2010, año a partir del cual se reducía de forma moderada hasta niveles de 57,7-58,1% en 2012 y 2013. Tras la fuerte caída registrada hasta el 54% de 2014, la proporción se recupera de forma progresiva hasta alcanzar un máximo del 60,3% en 2017, una proporción que se mantiene en 2019. Esta circunstancia no hace sino resaltar la dimensión sorprendente de la caída de los indicadores ligados a la fecundidad entre las mujeres emancipadas en los años 2017 y 2018.

Gráfico 6.a

Gráfico 6

Gráfico 6.b

Gráfico 6.b

Gráfico 6.c

Gráfico 6.c

Gráfico 6.d

Gráfico 6.d

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ECV. INE.

Gráfico 7

Gráfico 7

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ECV. INE.

El gráfico 8 muestra, para las mujeres de 20 a 39 años emancipadas y en parejas sin hijos o hijas residentes en hogares sin riesgo económico, el margen económico existente entre los ingresos disponibles y el mínimo considerado necesario para llegar a fin de mes. Los datos revelan que, tras la mejora del margen económico del periodo 2014-2016, el periodo 2016-2018 se caracteriza por una reducción del mencionado margen. Así, el superávit entre los ingresos y el mínimo necesario señalado en cada hogar se reduce del 42,1% de 2016 al 38,9% de 2018. Aunque muy elevado y por encima del 37,3% de 2008, se trata del mínimo desde 2013.

En este colectivo, el deterioro observado entre 2017 y 2018 no viene acompañado, sin embargo, de graves problemas sociales asociados, salvo en lo relativo a un aumento del 8,1% al 11,6% en las personas en hogares con problemas para hacer frente a sus préstamos. También aumenta, del 17,5 al 19,2%, en ese periodo el impacto de las problemáticas asociadas a la falta de acceso consolidado en el último año a un empleo adecuado (con presencia en algún momento del último año de una situación de desempleo o de búsqueda de empleo). A priori, no parecen cambios suficientes para explicar una caída tan significativa de la fecundidad en mujeres en hogares sin riesgo económico.

Gráfico 8

Gráfico 8

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ECV. INE.

Las tendencias negativas también se observan, en cualquier caso, entre las mujeres emancipadas en situación de riesgo económico en el hogar. En este caso, tras una llamativa disminución del déficit de ingresos entre 2016 y 2017 en el caso de parejas sin hijos o hijas (de -39,0% a -30,2%), el periodo 2017-2018 vuelve a reflejar una línea de deterioro, con un -36,6% en 2018. La línea de deterioro es más aún clara en el caso de parejas con un hijo o hija. En este caso, el déficit de 2017 y 2018 vuelve a situarse cerca o por encima de -40% (-40,2% y -39,7%), cerca de cuatro puntos por debajo del -35,9% de 2016.

En estos grupos de mujeres en hogares en riesgo económico, el deterioro de las condiciones de vida resulta por tanto relevante en el bienio 2016-2018.

Gráfico 9

Gráfico 9

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ECV. INE.

2.4.  Las distintas tendencias por Comunidades Autónomas

Parte de la explicación a las tendencias observadas en el apartado 2.3. se relaciona con diferencias claras en la dinámica de las distintas comunidades autónomas. En este sentido, y como puede observarse en el gráfico 10, la línea de caída del número medio de hijos o hijas en el hogar entre las mujeres de 20 a 39 años emancipadas corresponde a los siguientes grupos sociales y ámbitos territoriales:

a) En las comunidades autónomas con menor caída de la fecundidad entre 2016 y 2018, la caída del número de hijos/as en el hogar se limita a las mujeres en hogares con recursos suficientes y sólo se observa en el periodo 2017-2018 (de 0,95 a 0,90). El indicador de 2018 se mantiene, a pesar de la caída, por encima del observado en 2016 (0,85).

b) En las comunidades con mayor caída de la fecundidad entre 2016 y 2018, en la zona sur de España, se detecta en el caso de hogares con recursos insuficientes una importante reducción del número de hijos/as en el hogar entre 2017 y 2018 (de 1,19 a 1,13) que sitúa el indicador final por debajo de la cifra de 2016 (1,18). En los hogares con recursos suficientes, la caída se limita al periodo 2016-2017 (de 1,10 a 1,07) pero con una recuperación del número de hijos/a en 2018 (1,14).

c) Finalmente, en las comunidades con mayor caída de la fecundidad entre 2016 y 2018, en la zona norte de España (incluyendo Madrid), se observa una caída continuada del número de hijos/as en el hogar en grupos con recursos insuficientes (de 0,93 en 2016 a 0,88 en 2017 y 0,85 en 2018). Después de aumentar entre 2016 y 2017, la disminución se extiende a los hogares con recursos suficientes entre 2017 y 2018 (de 0,85 a 0,73, ya por debajo de los 0,75 de 2016). Únicamente en estas comunidades autónomas el número de hijos o hijas por mujer resulta inferior en 2018 al de 2016 y 2017 en el conjunto de las mujeres emancipadas (0,78 en 2018 frente a 0,86 en 2017 y 0,81 en 2016).

En este último grupo de comunidades autónomas se observan problemas evidentes en los hogares con recursos teóricamente suficientes. Centrando el análisis en las parejas sin hijos, se constata que aumenta del 8,4 al 12,9% entre 2017 y 2018 la proporción de mujeres emancipadas que verían su hogar situarse por debajo del umbral de ingresos suficientes con la llegada de un nuevo hijo o hija, por encima del 10,1% de 2016. La falta de acceso consolidado en el último año a un empleo adecuado (con presencia en algún momento del último año de una situación de desempleo o de búsqueda de empleo) pasa, por su parte, del 12 al 23,9% entre las mujeres emancipadas, por encima del 15% de 2016. También puede señalarse que el porcentaje de mujeres en hogares que tienen dificultades para llegar a fin de mes aumenta de 21,5 a 22,5% entre 2017 y 2018.

Gráfico 10

Gráfico 10

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ECV. INE.

3. La inexistencia de un tipo único y estructural de mujer ante la fecundidad

Los datos que se han presentado muestran claramente la influencia de factores de importante trasfondo económico en la caída de la fecundidad en España a partir de 2016. Los más relevantes se vinculan, por una parte, a un nuevo retraso en los procesos de emancipación de las generaciones de mujeres españolas jóvenes; por otra, a las mayores dificultades a las que se enfrentan las mujeres emancipadas que pertenecen a hogares que carecen de recursos suficientes para hacer frente a sus necesidades mínimas para llegar a fin de mes. En especial en algunas comunidades autónomas, la línea de caída de los indicadores de fecundidad que se extiende a los hogares con recursos económicos suficientes se relaciona igualmente con aspectos que revelan cierto deterioro económico asociado.

El caso de las mujeres en hogares con recursos económicos suficientes plantea sin embargo interrogantes. Por una parte, la recuperación se traduce en un peso creciente de este tipo de hogares; por otra parte, en la gran mayoría de los casos, estos hogares viven en un contexto de amplia seguridad económica, con una proporción reducida de situaciones definidas por la falta de recursos patrimoniales suficientes o por una presión destacada de los gastos de vivienda. La imagen que ofrece este grupo resulta, además, de muy superior bienestar al que caracterizaba a las mujeres españolas emancipadas y entre 20 y 39 años en el año 2008.

En este contexto, ¿cuáles son las razones de una caída tan significativa de la fecundidad en un contexto de bienestar real? Por ahora no es posible ofrecer respuestas para este grupo sino preguntas: ¿nos enfrentamos a un cambio estructural de mentalidad que pudiera vincularse a una pérdida de valor simbólico de la reproducción y del papel social de los hijos o hijas?, ¿estamos ante una priorización de la vida personal y de la carrera profesional, dificultada por la presencia de esos hijos o hijas?, ¿tiene relevancia un temor coyuntural ante los constantes mensajes que hablan de la desaceleración económica o del aumento del coste de acceso a la vivienda? ¿O, por el contrario, el temor sería más general y estructural, antes hechos como el cambio climático, o cualquier otro elemento que pudiera incrementar la tesis de que no merece la pena traer a nuevos habitantes a este planeta?

Lo que sí puede afirmarse, sin embargo, es que no existe ante estas preguntas una respuesta tipo entre los distintos grupos de mujeres. No existe un tipo dominante de comportamiento de la población femenina ante los procesos de reproducción demográfica, una constatación que no sólo es aplicable a las mujeres extranjeras sino también a las mujeres principalmente consideradas en este artículo, las que se encuentran en la actualidad en el grupo de edad entre 20 y 39 años y de nacionalidad española.

La existencia de distintos comportamientos ante la fecundidad queda evidenciada con total claridad el gráfico 11, centrado en el grupo de población femenina en el que el acceso a la reproducción tiende a ser ya dominante, el situado entre los 30 y 39 años (con referencia al colectivo emancipado y con vida en pareja).

Gráfico 11

Gráfico 11

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ECV. INE.

El gráfico revela que, en materia de fecundidad, la diferencia fundamental no se sitúa tanto entre mujeres extranjeras y españolas sino entre mujeres con mayor o menor riesgo económico, con niveles siempre más bajos entre las mujeres españolas con mayores recursos económicos a su disposición en el hogar. Estas mujeres tienen 1,09 hijos/as en el hogar en 2018 por 1,29 entre las mujeres españolas de 20 a 39 años en hogares con riesgo económico y 1,33 entre las mujeres extranjeras.

Lo verdaderamente relevante no se asocia sin embargo a estas diferencias sino a las variaciones internas que se observan en los distintos grupos de mujeres entre 30 y 39 años emancipadas y en pareja, con algunos hechos esenciales a destacar, en particular los siguientes:

a) En las mujeres españolas sin problemas de riesgo económico, a pesar de la caída del periodo 2017-2018, los periodos de recuperación económica se traducen en niveles más elevados de fecundidad, aunque sea sólo de forma moderada. En este sentido, el número de hijos/as en el hogar alcanza sus máximos niveles en este colectivo en 2008 y en los años 2017 y 2018 (entre 1,09 y 1,13 hijos/as por mujer en el hogar).

b) En las mujeres españolas en situación de riesgo económico, se observa que frente al mínimo observado en 2008, reflejo de las dificultades asociadas al aumento de los precios de la vivienda, el periodo de crisis posterior tiende paradójicamente a mostrar una clara mejora de la situación. Un hecho que no puede entenderse sin la dimensión asociada al periodo de deflación en los precios generales y, más específicamente, en los costes de acceso a la vivienda. Esta circunstancia permitió un aumento del número de hijos/as por mujer desde los 1,20 de 2008 a las cifras de 1,27 a 1,30 del periodo 2010-2015. A pesar de la dinámica de la caída de la fecundidad entre 2016 y 2018 en este grupo, durante este periodo la consolidación del crecimiento económico se traduce en los niveles más altos de hijos o hijas por mujer desde 2008, con cifras entre 1,29 y 1,34.

c) La tendencia descendente a largo plazo del número de hijos/as por mujer en el hogar caracteriza ciertamente a las mujeres extranjeras. Así, entre 2010 y 2014, el número de hijas/os en el hogar cae de 1,50 a 1,43. A diferencia de los distintos grupos de población femenina española, la primera fase de la recuperación es particularmente negativa en este grupo, con una intensificación de la disminución del indicador hasta 1,29 en 2016. Sin embargo, la última fase de crecimiento económico se traduce en cifras más altas, con 1,37 en 2017 y 1,33 en 2018.

La existencia de un sistema estructural de apoyo a los grupos sociales más desfavorecidos, un hecho que resulta un rasgo diferencial del caso del País Vasco, permite observar además el posible impacto sobre la fecundidad de un modelo socio-económico que combina cierta prosperidad económica estructural (acentuada por la deflación de precios) con una mayor seguridad económica para los grupos más desfavorecidos, en especial en presencia de situaciones de desempleo, a través de un sistema desarrollado de renta mínima.

El gráfico 12 muestra el impacto diferencial de la realidad socio-económica vasca, respecto a la española, en lo relativo a las mujeres extranjeras. La combinación de deflación y seguridad económica se traduce en Euskadi un aumento del ICF de 1,67 hijos o hijas por mujer en 2010 a 2,39 en 2016. A pesar de la caída posterior, el indicador se mantiene en 2,22 en 2018.

Partiendo de 1,69 en 2010 en el conjunto de España, en cambio, el ICF cae a 1,53 en 2013 y no se recupera en 2016 sino hasta 1,72, 0,67 puntos por debajo del indicador vasco. El ICF se reduce posteriormente a 1,65 en 2018, por debajo del 1,68 de 2010 (en contraste con los 0,55 puntos de más existentes en 2018 en Euskadi respecto al ICF de 2010).

Gráfico 12

Gráfico 12

Fuente: Indicadores de fecundidad. INE.

El gráfico 13 muestra la evolución comparada del ICF del conjunto de la población femenina en España y de la residente en los distintos territorios históricos de Euskadi. Aunque sobre la base de un ICF de valor bastante inferior al existente entre las mujeres extranjeras, el gráfico muestra que la dinámica observada en el grupo extranjero revela tendencias muy similares para el conjunto de la población femenina. En especial en el caso de los territorios más prósperos, Álava y Gipuzkoa, la evolución del ICF es mucho más favorable que el que se observa en el conjunto de España.

Gráfico 13

Gráfico 13

Fuente: Indicadores de fecundidad. INE.

Los datos presentados permiten sostener la tesis de que no existen tendencias irreversibles en la dinámica de la fecundidad.


ASPECTOS METODOLÓGICOS

El análisis desarrollado en el artículo se basa en el sistema de indicadores de fecundidad del INE.

En lo relativo a los factores condicionantes, tanto en lo relativo a los procesos de emancipación como a recursos económicos disponibles, se tiene en cuenta la información procedente de la Encuesta de Condiciones de Vida del propio INE. Al tratarse en el este último caso de una fuente no censal, es preciso advertir de que los resultados pueden verse condicionados por distintos tipos de error, tanto de tipo muestral como de otra naturaleza (en particular la asociada al objetivo de la ECV, no directamente asociado a la medición de procesos de tipo demográfico). Los indicadores de fecundidad que se utilizan para la comparación de distintas situaciones económicas tienen, además, un carácter indirecto.

DEFINICIONES

Indicador Coyuntural de Fecundidad

Se define como el número medio de hijos que tendría una mujer perteneciente a un determinado grupo de población a lo largo de su vida fértil en caso de mantener la misma intensidad fecunda por edad que la observada en el año de referencia para los distintos grupos de población.

Tasa de emancipación

La tasa de emancipación recoge la proporción existente entre el volumen de población emancipada respecto a la población total del grupo de referencia en cada caso. A estos efectos, se consideran emancipadas a las personas que mantienen un hogar independiente, de forma individual o junto a sus cónyuges o parejas.

La emancipación se considera en sentido estricto, en sus formas no dependientes. Las formas de emancipación que se producen en un contexto dependiente, por ejemplo a través de la convivencia con las personas que constituyen la referencia en el hogar, no se consideran a estos efectos. Las conclusiones del análisis no variarían de forma significativa, en cualquier caso, dado que este colectivo de personas que no viven ya en el hogar de origen tienen un peso relativo limitado.

Proporción de mujeres con un número de hijos o hijas en el hogar

Este indicador refleja la proporción de mujeres que tienen el número de hijos o hijas considerados en el análisis y que viven con ellas en el hogar. Es un indicador proxy del número real de hijos o hijas que ha tenido cada mujer.

Riesgo económico

Como indicador de riesgo económico se utiliza el relativo a disponer de recursos económicos inferiores al mínimo necesario para llegar a fin de mes que se establece dentro del hogar (variable HS130 de la ECV).

Comunidades Autónomas según su posición en la caída de la fecundidad

Se dividen las comunidades autónomas en tres grupos.

El primer grupo incluye a las comunidades autónomas donde el ICF cae por debajo de la media en el periodo 2016-2018. Este grupo incluye a Asturias, Cantabria, Castilla-León, Aragón, Cataluña, Illes Baleares, Murcia y Melilla.

Dentro de las comunidades autónomas con un incremento superior a la media de la caída de la fecundidad en el periodo 2016-2018 se incluyen (en la zona centro y norte) a las comunidades de Madrid, Galicia, País Vasco, Navarra y la Rioja.

En la zona sur correspondiente a este grupo de comunidades autónomas con un incremento superior a la media se incluyen las comunidades de Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Ceuta y Canarias.

Algo no va bien en España y tiene que ver con la precariedad económica. Una aproximación a los datos de fecundidad de 2017. Luis Sanzo González

La presentación de los indicadores demográficos del INE, el pasado 19 de junio, permite señalar algunas cuestiones relevantes respecto al impacto que, en la fecundidad, está teniendo la dinámica económica actual.

Los principales resultados a destacar se presentan a continuación. Como conclusión básica de estos resultados cabe quedarse con tres aspectos clave:

a) En primer lugar, en tanto que variable muy directamente asociada a las variaciones de bienestar económico de la población adulta joven, la evolución a la baja que se observa entre 2016 y 2017 en la fecundidad, en pleno impulso del crecimiento del PIB, muestra que algo no va bien en la realidad socioeconómica española. Dado que los efectos de la temporalidad y la parcialidad fueron compatibles con un cierto repunte de los indicadores de fecundidad entre 2013 y 2016, cabe pensar que la hipótesis más probable del deterioro subyacente se vincula al fuerte repunte alcista en los precios de la vivienda.

b) En segundo lugar, aunque el País Vasco también participa de la línea descendente de la fecundidad entre 2016 y 2017, el aumento del número de hijos/as por mujer en esta comunidad autónoma durante la crisis 2008-2013 indica el efecto diferencial que tiene en la fecundidad un marco socioeconómico estable. A unas tasas de paro comparativamente bajas en este territorio durante la crisis se unen dos factores importantes en el periodo: una deflación de precios de la vivienda hasta 2014 y la protección diferencial que representa en Euskadi el sistema de garantía de ingresos.

c) Destaca finalmente, como conclusión principal, que el aumento del coste de acceso a la vivienda podría tener, de mantenerse, importantes consecuencias sociales para la prevención de la pobreza y otras formas de ausencia de bienestar, en especial entre la población adulta joven, limitando de nuevo sus posibilidades de acceso a la emancipación y una vida independiente. Los datos sobre pobreza encubierta en España, decisivos en la evolución de la fecundidad, indican que se trata de un problema serio en la España actual.

La recuperación económica viene acompañada, en la actual fase de desarrollo, de una significativa y generalizada caída de la fecundidad

Como se observa en el gráfico 1, durante el periodo del boom económico en España, el indicador coyuntural de fecundidad (ICF), que recoge el número de hijos/as por mujer, había crecido de forma ininterrumpida desde el 1,13 de 1998, tras la crisis económica de la primera mitad de los años 90, a 1,45 en 2008. La crisis financiera se traduce en una caída posterior que sitúa el indicador en 1,27 hijos/as por mujer en 2013. La recuperación económica viene acompañada de una nueva mejora, con una cifra de 1,34 en 2016. De forma significativa, sin embargo, 2017 marca una caída que lleva el nivel del ICF a 1,31.

Esta reducción del ICF es tanto más llamativa como que contrasta con la buena evolución de los indicadores de crecimiento económico. Como se ha podido comprobar, entre 1998 y 2008 la recuperación económica siempre vino acompañada en España de un avance en los niveles del indicador de fecundidad considerado. La situación observada en 2017 resulta, por ello, atípica y preocupante.

Gráfico 1

Gráfico 1

Tal y como puede verse en el gráfico 2, la línea descendente del ICF entre 2016 y 2017 caracteriza de forma específica a las mujeres con nacionalidad española, pasando el indicador de 1,28 a 1,25 entre 2016 y 2017. Pero, en este caso, el ICF se estanca ya entre 2015 y 2016, con un crecimiento además limitado respecto al 1,24 de 2013. En algunas comunidades autónomas, de forma significativa en la de Madrid, la línea descendente se inicia ya a partir de 2015, con una reducción de 1,32 a 1,26 hasta 2017 en el número de hijos/as por mujer.

En el caso de las mujeres españolas, la nueva caída de la fecundidad se suma a la observada desde el 1,35 de 2008. En realidad, el 1,25 de 2017 supone retroceder a niveles propios de los años 2002 y 2003.

Gráfico 2

Gráfico 2

El gráfico 3 muestra la dinámica del ICF en las mujeres extranjeras en España. En este caso, y con la excepción de los años 2005 a 2008, se observa una línea tendencialmente descendente de la fecundidad entre 2002 y 2013. Se pasa así de 1,86 hijos por mujer en 2002 a 1,53 en 2013. La recuperación se traduce sin embargo en una significativa recuperación, con un ICF de 1,72 en 2016. Pero 2017 también marca un cambio de tendencia en este grupo de población, con 1,70 hijos/as por mujer en ese año.

Gráfico 3

Gráfico 3

La caída de la fecundidad también se da en el País Vasco entre 2016 y 2017, un caso atípico que ponía de manifiesto el impacto favorable de un sistema de garantía de ingresos en un contexto de deflación

Tal y como se observa en el gráfico 1, ya comentado, la caída de la fecundidad se extiende al País Vasco entre 2016 y 2017, con una reducción en el número de hijos/as por mujer de 1,39 a 1,34 en ese periodo. Esta caída es significativa porque se trata de la única comunidad autónoma en la que se mantenía una línea ascendente en el ICF, prácticamente continuada, desde el 0,95 de 1998. Después de llegar a 1,30 hijos/as por mujer en 2008, la cifra aumentaba a 1,35 en 2012, en pleno periodo de crisis económica.

El gráfico 3 anterior muestra que esta dinámica favorece de manera especial a las mujeres extranjeras. En este caso, y después de caer entre 2002 y 2005 de forma paralela a lo observado en el conjunto español (en este caso de 1,64 a 1,47), el número de hijos/as por mujer extranjera aumenta a partir de entonces de forma prácticamente continuada (salvo entre 2008 y 2010) para alcanzar una cifra de 2,39 hijos/as por mujer en 2016. El nivel cae a 2,23 en 2017 pero todavía en niveles muy elevados para lo habitual en España.

El gráfico muestra que, aunque a menor escala, la misma evolución se observa entre las mujeres no extranjeras en el País Vasco. De apenas 1,07 hijos/as por mujer, el ICF aumenta a 1,21 en 2008 para seguir avanzando hasta 1,29 en 2014. A partir de entonces, el ICF muestra sin embargo una línea descendente hasta situarse en 1,23 en 2017. La crisis de fecundidad reciente, aunque también observable en las mujeres extranjeras, afecta sobre todo por tanto a mujeres nacionales en el caso vasco.

La evolución observada, con un incremento de la fecundidad en Euskadi que contrasta con la que se da en el resto de España a partir de 2008, se traduce en una práctica eliminación de las fuertes diferencias de fecundidad que se observaban entre el País Vasco y el resto de España a mediados de los años 90. El gráfico 4 muestra la línea de reducción de las diferencias entre Euskadi y Cataluña, una de las comunidades con mejor evolución en este indicador hasta 2009. Lo más importante es comprobar que la convergencia se consigue en lo fundamental después de finalizado el boom económico, momento en el que se inicia el declive de la fecundidad en Cataluña mientras se mantiene la línea alcista en el País Vasco (ver al respecto igualmente el gráfico 1 para comparar la evolución del número de hijos/as por mujer en Euskadi y Cataluña).

Aunque una parte llamativa de la reducción de diferencias entre Cataluña y Euskadi se asocia a la fecundidad de mujeres extranjeras, el gráfico 5 muestra que la tendencia favorable también caracteriza a las mujeres no extranjeras en el País Vasco.

Gráfico 4

Gráfico 4

Gráfico 5

Gráfico 5

Los factores subyacentes detrás de los procesos observados

Los datos estadísticos del País Vasco, procedentes de la EPDS, aportan dos elementos relevantes para entender los procesos que pueden estar incidiendo en los cambios recientes en la dinámica de la fecundidad. El primer dato a destacar es que el descenso de la fecundidad que se da entre 2016 y 2017 viene precedido de una muy significativa caída de la proporción de población de 18 a 44 años emancipada en esta comunidad autónoma. Tal y como muestra el gráfico 6, después de un crecimiento continuado de la proporción de población emancipada desde el 40,6% del año 2000 hasta las cifras cercanas al 59,5% de 2012 y 2014, superiores al 57,5% de 2008, el porcentaje cae bruscamente hasta el 52,8% en 2016.

Gráfico 6

Gráfico 6

En un contexto de mejora del empleo, el principal cambio que se observa en Euskadi en este periodo es el inicio de una significativa recuperación de los precios del alquiler. Tomando como referencia la Encuesta de Oferta Inmobiliaria del País Vasco, se comprueba que el precio del alquiler repunta en un 11,8%, compensando en gran medida el proceso de deflación observado entre 2008 y 2014.

La importancia del factor vivienda se reafirma al considerar la dinámica de la fecundidad por territorio histórico en el País Vasco. De esta forma, se observa que la principal caída del número de hijos por mujer se produce en las dos provincias más afectadas por el repunte del precio de la vivienda, Bizkaia y Gipuzkoa, con un incremento del 11% y del 25,6%, respectivamente, entre 2014 y 2017. Como revela el gráfico 7, es precisamente Gipuzkoa el territorio vasco en el que más cae la fecundidad. En este caso, la caída se inicia a partir de 2015, pasando el ICF de 1,47 en dicho año a 1,38  en 2017. El descenso se retrasa 2016 en Bizkaia pero resulta importante en el último año, con una reducción del ICF entre el 1,34 de 2016 y el 1,28 de 2017.

La única excepción corresponde a Álava. En este caso, puede hablarse de un proceso de estabilización entre 2014 y 2017, con un ICF que apenas varía en este periodo de 1,51 a 1,49 hijos/as por mujer. La característica de Álava sin embargo es que es el único territorio en el que se mantiene el impacto de la deflación en el precio de la vivienda, con un nivel del alquiler todavía inferior en un 20,7% en 2017 respecto al valor de 2008 (cifras nominales). A diferencia de Bizkaia y Gipuzkoa, en Álava se mantiene estable, incluso ligeramente a la baja, el precio del alquiler entre 2014 y 2017.

El gráfico 8 muestra la estrecha relación entre el precio de la vivienda y el impacto de la precariedad y pobreza  encubierta. Mientras este problema afecta apenas a un 2,2% de la población de 18 a 44 años en Álava, incide en un 5,5% de la población de este grupo de edad en Gipuzkoa y a un 10,9% en Bizkaia. La asociación de estos porcentajes con los niveles del ICF (1,49 hijos/as por mujer en Álava en 2017 por 1,38 en Gipuzkoa y 1,28 en Bizkaia) resulta particularmente significativa.

Gráfico 7

Gráfico 7

Gráfico 8

Gráfico 8

Fuente: EPDS.

Sin embargo, es importante tener en cuenta otro elemento en el gráfico 7, relativo a la comparación entre la dinámica de la fecundidad entre Barcelona, ejemplo de la reciente prosperidad recuperada tras la crisis de 2008, y las dos provincias con mayor renta económica en Euskadi, Álava y Gipuzkoa. Los datos del gráfico muestran el impacto que, sobre la fecundidad, tiene la combinación de menores tasas de desempleo y pobreza, mayor protección en términos de garantía de ingresos y ajuste a la baja, tras la crisis, de los precios de la vivienda.

En la parte más negativa, el deterioro caracteriza a Barcelona, una provincia líder en creación de empleo en España pero con una protección económica limitada en periodos de desempleo. En este caso, la crisis económica hace caer el ICF de 1,48 en 2008 a 1,31 en 2013. La cifra se recupera hasta 1,39 en 2016 para descender de nuevo, hasta 1,35, en 2017. Esta cifra se queda en este último año por debajo del 1,38 de Gipuzkoa y del 1,49 de Álava, territorios que se situaban sin embargo entre 0,10 y 0,15 puntos por debajo de Barcelona en el ICF de 2008. Respecto a Barcelona, el contexto social más favorable de las dos provincias vascas se caracteriza así por un vuelco completo en la situación de la fecundidad en plena crisis económica.

Se trata, en mi opinión, de una realidad que expresa el impacto favorable que, en las condiciones de vida de las familias menos favorecidas de la sociedad, ha tenido en Euskadi la combinación de garantía de ingresos y precios moderados de la vivienda. Esta situación favorable es lo que parece alterarse por completo en la última fase de la recuperación, aparentemente también en Euskadi, con un deterioro de las condiciones de vida de los grupos familiares jóvenes más precarios, claramente reflejado en la reciente evolución de la fecundidad en España.

En tanto que indicador muy asociado a la dinámica de la precariedad económica, ligada a la pobreza o a otras formas de ausencia de bienestar, el cambio observado en la fecundidad resulta especialmente preocupante. Resulta de hecho sorprendente que una caída tan llamativa se produzca en medio de tasas de crecimiento del PIB superiores al 3%. Algo no parece ir bien en España en términos socioeconómicos, al menos en el periodo 2016-2017 y en lo relativo a la población adulta joven.