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Desigualdad económica y bloqueo de los procesos de acceso a la emancipación y a la paternidad/maternidad en España

1. Introducción

Algunas investigaciones recientes sobre la relación entre fecundidad y brecha de género en los ingresos laborales han puesto de manifiesto una de las formas relevantes de desigualdad a las que se enfrenta la población femenina en España. Los datos revelan, en este sentido, que el acceso a la maternidad viene asociado a un aumento de la distancia existente entre los ingresos laborales medios de las nuevas madres y los que corresponden a sus parejas masculinas. De esta forma, en la aproximación a esta cuestión en la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), se observa en la población de 20 a 44 años no estudiante que el diferencial de los ingresos laborales medios en perjuicio de la población femenina se amplía de -18,9% en parejas sin hijos o hijas a -27,8% en parejas con un hijo o hija.

Este artículo no pretende profundizar en esta cuestión[1] sino en otras formas de desigualdad que resultan relevantes para entender los procesos que en España limitan el acceso a la maternidad (o a la paternidad) y, de forma más general, el mero acceso a una vida plenamente independiente fuera del hogar familiar de origen. Lo llamativo de estos procesos es que tienen mayor impacto relativo entre la población masculina.

Los datos que se presentan en el documento, con el objetivo de analizar la relación entre la desigualdad de origen ante la emancipación y el acceso a la paternidad o la maternidad se obtienen (vía elaboración propia) de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE. Los datos de ingresos se ajustan previamente al nivel de vida, medido en términos del acceso al mínimo de bienestar que se deriva de la pregunta HS130 de la ECV.

El análisis se centra en la población mayor de 20 años y menor de 45 años durante los años 2016 a 2018. La población entre 20 y 24 años que sigue desarrollando estudios queda sin embargo al margen del análisis.

2. La desigualdad de origen ante la emancipación y a la paternidad o maternidad en España

Se aportan a continuación una serie de datos que avalan la conclusión de que, entre 2016 y 2018, el bloqueo de los procesos de reproducción social y demográfica sigue caracterizando a la población joven en España, un bloqueo que tiene mayores implicaciones entre la población masculina. La base de este bloqueo es económica y refleja la fuerte desigualdad que se observa entre la población adulta joven en España en el acceso a los recursos.

2.1.  El bloqueo de los procesos de reproducción social y demográfica sigue caracterizando a la población joven en España

El principal factor que limita una mínima posición de igualdad de la población joven ante el acceso a la maternidad o la paternidad es previo a la posible decisión sobre la llegada de un nuevo hijo o hija en una pareja constituida. En este sentido, un hecho a considerar de partida es la importancia del bloqueo de los meros procesos de acceso a una vida independiente que aún caracteriza, en España, a la población adulta joven.

Este bloqueo de los procesos de emancipación tiene mayores implicaciones entre la población más joven. Tal y como revela el Gráfico 1.a, apenas un 24,8% de la población de 20 a 29 años no estudiante ha conseguido emanciparse. La proporción llega en cambio al 79,3% en la población de 30 a 44 años.

En la misma línea, al considerar los gráficos 1.b y 1.c se observa que, en el grupo de 20 a 29 años, las personas en pareja y que viven con un hijo o hija en el hogar[2] apenas representan un 9% de la población de referencia, proporción que es apenas del 3% en lo relativo a la presencia de dos o más hijos. En las personas de 30 a 44 años, la proporción de personas emancipadas y en pareja que tienen al menos al menos un hijo o hija en el hogar alcanza un 52,1%, pero no pasa del 29,2% en lo relativo a la presencia de dos o más hijos o hijas.

Gráfico 1.a

Gráfico 1a

Gráfico 1.b

Gráfico 1b

Gráfico 1.c

Gráfico 1c

Los procesos de reproducción social y demográfica se ven por tanto condicionados, en la población de 20 a 44 años no estudiante, por dos hechos fundamentales: por una parte, la mayor parte de la población joven entre 20 y 29 años, un 75,2%, no se emancipa del hogar de origen; por otra parte, la mayor parte de las personas de 30 a 44 años que conviven en pareja, un 70,8%, no tienen un segundo hijo o hija.

2.2.  El bloqueo considerado tiene mayores implicaciones entre la población masculina

El aspecto más relevante, sin embargo, es que el bloqueo de los procesos de reproducción social y demográfica afecta de manera mucho más decidida a la población masculina. Los siguientes hechos lo ponen de manifiesto:

a) Como se observa en el Gráfico 2.a, en la población entre 20 y 44 años analizada, la proporción de mujeres efectivamente emancipadas es 11,3 puntos porcentuales superior a la de los hombres (71,7% frente a 60,4%).

Las diferencias entre hombres y mujeres se constatan a todas las edades, pero son mayores en la población más joven. En las personas de 30 a 44 años, el porcentaje de mujeres emancipadas es 8,6 puntos superior (83,6% frente a 75%). En las de 20 a 29 años, la diferencia es de 15,2 puntos a favor de la población femenina (32,8% frente a 17,6%).

Gráfico 2.a

Gráfico 2a

Gráfico 2.b

Gráfico 2b

b) Las diferencias son mucho más llamativas al considerar, en el gráfico 3.a, el peso que suponen las personas emancipadas que viven en parejas y con al menos un hijo o hija. En este caso, frente a un 51,4% de mujeres en esta situación entre la población de 20 a 44 años, la proporción es de apenas un 34,9% entre los hombres.

Las diferencias resultan llamativas tanto entre los 30 y 44 años (61,6% de las mujeres en esta situación frente a 45,2% de los hombres) como entre las personas de 20 a 29 años (18,2 frente a 4,5%). EL hecho verdaderamente relevante, en cualquier caso, es comprobar que más de la mitad de los hombres, incluso entre los 30 y 44 años, no acceden en España a una vida en pareja y con al menos un hijo o hija[3].

Gráfico 3.a

Gráfico 3a

Gráfico 3.b

Gráfico 3b

c) Como muestra el gráfico 4.a, la vida en pareja y con presencia de dos o más hijos o hijas en el hogar es una realidad siempre minoritaria, pero de nuevo más claramente extendida entre las mujeres entre 20 y 44 años (27,5% frente a 18,8% entre los hombres).

Esta dimensión minoritaria lo es incluso entre los 30 y 44 años (34,3% entre las mujeres frente a 24,8% en la población masculina), con unos niveles residuales entre personas entre 20 y 29 años no estudiantes, en especial entre los hombres (0,9% de hombres en pareja y conviviendo con dos o más hijos/as por 5,7% entre las mujeres).

Gráfico 4.a

Gráfico 4a

Gráfico 4.b

Gráfico 4b

2.3.  La base del bloqueo reproductivo es económica y refleja la fuerte desigualdad interna entre la población joven

Los datos disponibles ponen de manifiesto la base económica de los hechos diferenciales señalados. Pero no son sólo indicativos de una desigualdad entre la población adulta joven en España y el resto de la población. También es relevante el nivel de desigualdad que afecta internamente a la propia población entre 20 y 44 años no estudiante. Los datos más importantes a este respecto son los siguientes:

a) Cuanto menor es el ingreso mensual medio de las personas jóvenes analizadas, menor es el acceso a la emancipación y a la vida en pareja con al menos un hijo o hija presente en el hogar.

Como muestra el gráfico 1.a, en lo relativo a la emancipación, apenas un 51,1% de las personas de 20 a 44 años no estudiantes que ingresaron en el periodo analizado (2016-2018) menos de una media mensual de 700€ han accedido a la vida independiente al margen del hogar de origen, con cifras del 66,6% en caso de ingresos entre 700 y 1.099€, del 73,8% en caso de ingresos de 1.100 a 1.499€ y un máximo del 86,8% si se superan los 1.500€.

Otro hecho a destacar, a partir del gráfico 2.b, es que el diferencial entre hombres y mujeres no hace sino aumentar, en perjuicio de la población masculina, conforme se reducen los ingresos disponibles: -41,3% de diferencia en la proporción de personas efectivamente emancipadas en caso de menos de 700 euros; -21,1% entre 700 y 1.099€ y -12,8% entre 1.099 y 1.500€. Sólo hay equilibrio entre hombres y mujeres en presencia de ingresos superiores a los 1.500 euros (-1,6% de diferencia en la proporción de personas efectivamente emancipadas respecto a la población femenina).

La falta de recursos económicos limita de forma muy notable, por tanto, el proceso de emancipación de los hombres adultos jóvenes.

b) Las mismas tendencias se observan al considerar, en el gráfico 1.b, la presencia de un hijo o hija en el hogar de parejas emancipadas. De nuevo, sólo se observa cierto equilibrio en presencia de ingresos comparativamente elevados. De esta forma, apenas un 34,7% de las personas de 20 a 44 años no estudiantes que ingresaron menos de una media mensual de 700€ viven con la pareja y al menos un hijo/a, con cifras del 39,5% en caso de ingresos entre 700 y 1.099€, del 44,7% en caso de ingresos de 1.100 a 1.499€ y un máximo del 53,4% si se superan los 1.500€.

Lo más llamativo de nuevo (ver gráfico 3.b) es que el diferencial entre hombres y mujeres no hace sino aumentar, en perjuicio de la población masculina, conforme desciende el nivel de ingresos. Así, se sitúa en -62,3% de diferencia en la proporción de personas efectivamente emancipadas en caso de menos de 700 euros; en -36,7% entre 700 y 1.099€ y en -20% entre 1.099 y 1.500€). Sólo hay equilibrio entre hombres y mujeres en presencia de ingresos superiores a los 1.500 euros (-4% de diferencia en la proporción de personas efectivamente emancipadas).

La desigualdad interna a la población adulta joven resulta por tanto decisiva en el bloqueo de los procesos de emancipación, en especial entre los hombres. Y la desigualdad, como muestra el gráfico 5, es un factor determinante en este colectivo. Así, la media de ingresos de la población de adultos jóvenes con una media de ingresos mensual en el último año superior a los 1.100 euros es 4 veces superior a la de los que dispusieron de menos de este nivel de ingresos (1.823,23 euros de media mensual frente a 455,01 euros). Las diferencias se observan además en todos los grupos por sexo y edad.

Gráfico 5

Gráfico 5

Las implicaciones de estas diferencias resultan decisivas. En este sentido, como muestra el gráfico 6, se constata que el 39,7% de personas entre 20 y 44 años que disponen de ingresos iguales o superiores a los 1.100 euros acumulan un 72,5% de los ingresos totales (66,6% por apenas un 36% de la población joven analizada si se considera en exclusiva a las personas de 30 a 44 años). En esta dimensión, como revela el gráfico 5, la posición comparada de la población masculina resulta más favorable, con ingresos en general algo mayores que los de la mujer, en especial entre los 30 y 44 años para los grupos con mayores ingresos (1.897,51 frente a 1.781,43).

La contrapartida es ese 60,3% de población entre 20 y 44 años que sólo controla un 27,5% de los ingresos totales. En este caso, el desfase es algo mayor entre los grupos más jóvenes, pero con pocas diferencias por sexo. No obstante, la proporción de mujeres vuelve a ser superior (33,4% de mujeres por 26,9% de hombres que acceden, respectivamente, a un 14,7% y un 12,8% de los ingresos totales).

Gráfico 6

Gráfico 6

En cualquier caso, ni siquiera entre los hombres de 30 a 44 años resultan dominantes los salarios de cierto nivel. Como muestra el gráfico 7, la proporción de hombres en este grupo de edad y con ingresos superiores a los 1.100 euros mensuales de media sólo llega al 56,3%, un porcentaje que es mucho menor, del 38,9%, entre las mujeres. Las proporciones son inferiores al 20% en las personas de 20 a 29 años no estudiantes (18,4% entre los hombres y 12,2% entre las mujeres).

En conjunto, sólo un 39,7% de la población de 20 a 44 años dispuso de ingresos iguales o superiores a los 1.100 euros mensuales medios durante el último año a lo largo del periodo 2016-2018.

Gráfico 7

Gráfico 7

El conjunto de factores detallados es el que explica el impacto de la desigualdad y la precariedad económica en el bloqueo de los procesos reproductivos, con particular incidencia en los hombres adultos jóvenes con menores recursos disponibles.

NOTAS

[1]   Su análisis requeriría tener sin embargo en cuenta las distintas tendencias en la dinámica de la masa salarial. Así, frente al 71% de la misma asociada a parejas sin hijos/as en mujeres de 20 a 29 años, la proporción cae al 45,6% entre los 30 y 34 años, al 21,1% entre los 35 a 39 años y al 18,1% entre los 40 y 44 años. En los casos en los que las mujeres han tenido algún hijo o hija con quienes conviven, por tanto, la caída de ingresos medios en la población femenina que accede a la maternidad se vincula al progresivo aumento de la parte de la masa salarial total que corresponde a esta población conforme aumenta la edad.

[2]   Se utiliza este indicador como aproximación proxy al impacto del número de hijos/as en la población tanto femenina como masculina.

[3]   Habría que comprobar, no obstante, el efecto de divorcios y separaciones en este resultado. La distancia respecto a la población femenina resulta, en cualquier caso, inequívoca.

Nota breve: Seguridad económica de los hogares españoles. Comparación de indicadores de la Encuesta de Competencias Financieras 2016 y de la Encuesta de Condiciones de Vida. Luis Sanzo

 

Se ha presentado recientemente el informe de principales resultados de la Encuesta de Competencias Financieras 2016 (ECF). Es el resultado de una acción de colaboración, dentro del marco del Plan de Educación Financiera, entre el Banco de España (BdE) y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

La ECF aporta indicadores de utilidad para analizar la situación financiera de los hogares en España pero también para medir, de forma más específica, la seguridad económica estructural de la población española. El indicador que se considera en esta nota breve es el relativo a la proporción de personas en hogares con gastos superiores a sus ingresos en los doce meses anteriores a la realización de la encuesta. Este indicador aporta información sobre la seguridad económica de la población española que puede contrastarse con la procedente de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, en particular con el indicador relativo a la proporción de personas en hogares sin capacidad para hacer frente a gastos imprevistos con sus propios recursos.

Los principales resultados a destacar son los siguientes:

1. Tal y como puede observarse en el gráfico 1, la proporción de población en hogares con gastos superiores a los ingresos disponibles es muy variable en España aunque sobre la base de una proporción en general elevada, con un 28% de población afectada. En algunas comunidades autónomas, la proporción supera el nivel del 30%, con cifras entre 31 y 36% en Madrid, Andalucía, Comunidad Valenciana, Illes Balears y Canarias. En torno a la media, con cifras entre 26 y 28% se encuentran Galicia y Cantabria, en la zona norte, y Castilla-La Mancha y Murcia, en la sur y sureste.

La proporción es algo más baja, con cifras entre el 23 y 24%, en zonas del norte que incluyen a Asturias, Castilla-León, La Rioja y Navarra, por un lado, y Cataluña, por otro. Más al sur, la región occidental de Extremadura también forma parte de este grupo.

En la parte más claramente favorecida, la proporción es del 20% en Aragón. El porcentaje más bajo corresponde al País Vasco, con un 16% que queda doce puntos por debajo de la media española, cuatro por debajo de Aragón y entre siete y ocho por debajo del núcleo más amplio de regiones del norte y del oeste que se sitúan en posiciones inferiores a la media española.

Gráfico 1

Gráfico 1Fuente: Elaboración propia (LSG) a partir de la Encuesta de Competencias Financieras 2016 (ECF)

Gráfico 2

Gráfico 2

Fuente: Elaboración propia (LSG) a partir de la Encuesta de Competencias Financieras 2016 (ECF) y de la Encuesta de Condiciones de Vida 2016, INE.

2. El gráfico 2 recoge la relación entre el indicador de relación gastos/ingresos de la ECF 2016 y el indicador de la ECV relativo a la falta de capacidad para hacer frente a gastos imprevistos. Como puede comprobarse en el gráfico, la asociación entre los resultados correspondientes a ambos indicadores es evidente. Esto revela que el exceso de gasto sobre los ingresos se vincula en general más a formas severas y estructurales de inseguridad e insuficiencia en el nivel de ingresos (con el riesgo de sobreendeudamiento o desacumulación asociado) que a un nivel de ahorros acumulado que permita gastar por encima de lo que se ingresa.

Respecto al indicador ECF, no obstante, pueden señalarse algunos elementos o matices diferenciales al considerar el indicador ECV de incapacidad para abordar gastos extraordinarios.

En primer lugar, la distancia entre comunidades autónomas se acentúa. Si la diferencia entre Euskadi y Canarias, como territorios más y menos favorecidos, era de 20 puntos en el indicador gastos/ingresos de la ECF, esta distancia aumenta a 43,5 puntos en la proporción de población incapaz de hacer frente a gastos imprevistos (17,8 frente a 61,3%).

En segundo lugar, la posición de Illes Balears y Madrid mejora en este indicador. Con cifras de 32,7 y 33,6%, respectivamente, estas dos comunidades autónomas quedan por debajo del 38,7% medio de España y se sitúan en posiciones intermedias junto a Galicia, Cantabria y Castilla-La Mancha. Las cifras entre 28,9 y 35% de este conjunto de comunidades autónomas no sólo se alejan sin embargo del 17,8% del País Vasco sino también de los niveles entre 22,1 y 24,1% de Asturias, Navarra, Castilla-León y La Rioja. Aunque más escorado a las zonas favorecidas, Aragón se sitúa entre ambos grupos, con un 26,8% que resulta menos favorable que el indicador gastos/ingresos de la ECF.

En tercer lugar, el indicador de la ECV es claramente menos favorable que el de gastos/ingresos de la ECF en Cataluña, Extremadura y Murcia, comunidades que se colocaban por debajo de la media española en este último indicador. No ocurre así en estas dos últimas en lo relativo a la proporción de personas en hogares incapaces de hacer frente a gastos imprevistos, con una proporción del 43,4% en Extremadura y del 48% en Murcia. Comunidad Valenciana, Andalucía y Canarias mantienen su mala posición comparada en este indicador, con cifras claramente superiores a la media española en los tres casos (43,8%, 52,8% y 61,3%, respectivamente). Aunque Cataluña queda algo por debajo del 38,7% español, su 37,2% le acerca también a la zona con mayor problemática en el indicador considerado.

3. En una perspectiva general, los datos evidencian mayores niveles de seguridad económica estructural entre la población de las comunidades del norte y noroeste español, incluyendo las regiones de Aragón, La Rioja, Navarra, Asturias y, en gran medida, Galicia. Dentro de este bloque, Euskadi se posiciona claramente por debajo del resto en los dos indicadores considerados, con cifras favorables que sólo es posible encontrar en algunos estados del centro y norte de Europa.

En la posición opuesta, las situaciones menos favorecidas corresponden en todos los casos a Canarias, Andalucía y la Comunidad Valenciana. Murcia y Extremadura, así como Madrid, Cataluña y Baleares se sitúan también por encima de la media española en algunos de los indicadores analizados. Cantabria y Castilla-La Mancha se acercan por su parte, y en ambos indicadores, a las cifras generales de España.

Como vienen reflejando muchos de los análisis realizados con anterioridad en este blog, vuelve así a confirmarse la peculiar posición social de comunidades autónomas que, como Madrid, Cataluña o Illes Balears, tienden a considerarse como algunas de las zonas más prósperas del país. Los datos relativos a seguridad económica de la población indican que esta percepción es, al menos en parte, errónea.

Aunque en Madrid e Illes Balears, y respecto a la media española, la superior proporción de población que gasta más de lo que ingresa pueda vincularse a una mayor capacidad de gasto asociada al ahorro, el porcentaje de personas en hogares incapaces de hacer frente a un gasto extraordinario se acerca más a la elevada media española que a la situación de las comunidades autónomas con mayores niveles de seguridad económica.

En Cataluña, por su parte, la comparativamente baja proporción, en el contexto español, de personas en hogares con gastos superiores a los ingresos refleja ante todo estrategias más eficaces de ajuste financiero dentro de los hogares. Porque, como revelan los datos del gráfico 2, esta capacidad de ajuste contrasta con cifras prácticamente iguales a la elevada media española (37,2 frente a 38,7%) en la proporción de personas en hogares incapaces de hacer frente a un gasto extraordinario con sus propios recursos.

En la zona sur y sureste, y en contraste con la Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha, Murcia y Extremadura se acercan a Cataluña en esta mayor capacidad diferencial de ajuste entre gastos e ingresos, a pesar de una muy elevada proporción de hogares (43,4 y 48%) incapaces de hacer frente a un gasto extraordinario.

Los datos, en cualquier caso, muestran los potenciales efectos destructivos que, para una parte sustancial de la población española, pueden tener muy ligeras variaciones coyunturales en los niveles de ingresos. Por desgracia, lejos de adaptarse a la realidad tras la crisis de 2008-2013, la política de garantia de ingresos de la Seguridad Social española, a diferencia de la acción autonómica en rentas mínimas, ha sido incapaz de definir líneas de mejora para garantizar mayores niveles de protección a la poblacion en riesgo en España.