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Las bases sociales de la separación entre Cataluña y España: el giro anti-autonomista en la Comunidad de Madrid entre 2005 y 2015. Luis Sanzo

En la última década se observa un evidente proceso de separación política en la opinión pública de Cataluña y del resto de España. El objetivo de este artículo es abordar uno de los aspectos de este proceso: el giro anti-autonomista que se observa en las posiciones políticas de la población de la Comunidad de Madrid entre 2005 y 2015.

Resumen y conclusiones

1.

En 2015 ya era evidente la polarización en las posiciones respecto al modelo de estado en las dos principales comunidades políticas en España. Mientras en Cataluña predominaban las posiciones favorables a la extensión de la autonomía y la reivindicación del derecho a la independencia, en Madrid una parte dominante de la población apostaba por la reducción o supresión del sistema autonómico.

En Madrid, esta polarización es el reflejo de una fuerte reacción anti-autonomista durante el periodo 2005-2015. Esta dinámica puede observarse en el aumento de la proporción de población a favor de un estado centralizado, pero también en la reducción del apoyo a la ampliación de las competencias autonómicas.

2.

Aunque las posiciones anti-autonomistas están más extendidas en Madrid en la población orientada al nacionalismo español y en la situada en el centro-derecha ideológico, están también muy presentes en la izquierda. Se trata de algo también evidente entre personas que no conocieron, en su vida adulta, el franquismo o la Transición. Respecto a lo observado en Cataluña, destaca de hecho la fuerte orientación diferencial a propuestas de reducción o supresión de la autonomía en la población de izquierdas menor de 60 años.

En una perspectiva evolutiva, el avance de las posiciones centralizadoras en Madrid es particularmente llamativo en la población de centro-derecha y en la de 40 a 59 años de izquierdas. Por su parte, la pérdida de apoyo a situaciones orientadas a una mayor autonomía corresponde a la izquierda en general y a la población joven de centro-derecha, entre 18 y 39 años.

3.

El protagonismo de la población joven y de izquierdas explica que la reacción anti-autonomista en Madrid caracterice sobre todo a personas sin una identificación nacional española dominante. De hecho, en comparación con Cataluña, es en este tipo de personas en el que se observa el distanciamiento más llamativo en las posiciones sobre la autonomía (tanto en términos de mayor apuesta centralizadora como de menor apoyo a la extensión de la autonomía). Por tanto, la reacción anti-autonomista que se observa en la última década en Madrid no es exclusiva, ni siquiera principalmente destacada, en los grupos más orientados al españolismo sino que se asocia a la dinámica general de la sociedad madrileña.

4.

A pesar de la importancia de la reacción anti-autonomista en la población de izquierdas en Madrid, esta orientación no es comparativamente más intensa en los grupos más desfavorecidos, a diferencia de lo que se observa en parte en Cataluña. En Madrid, la proporción de personas opuestas a la autonomía tiende claramente a reducirse conforme empeora la situación personal percibida. Aunque menos claramente, las posiciones más favorables a la extensión de la autonomía también son más perceptibles en los grupos menos favorecidos en términos económicos personales.

PRINCIPAL CONCLUSIÓN

A la vista de estos hechos, la principal conclusión es que la fuerte separación de posiciones ante la autonomía, observada en Madrid o Cataluña, no se vincula sólo a la posición de la población nacionalista catalana sino también, y de forma quizás aún más llamativa, a la existente entre la población de referencia española pero menor identificación con el nacionalismo español. Dentro de la población no orientada preferentemente al nacionalismo catalán, es realmente en este último colectivo en el que se detecta en 2015 una separación destacada entre Madrid y Cataluña. Está por comprobar si los factores que llevaron a una reacción anti-autonomista en Madrid en el periodo 2005-2015 han podido tener un efecto cercano en este grupo de población en Cataluña durante el periodo de desarrollo del procés catalán.

RESULTADOS DETALLADOS

  1. Polarización de posiciones sobre la organización territorial del Estado

Es indudable que la dinámica política de las dos principales áreas territoriales de España, Cataluña y la Comunidad de Madrid, resulta determinante para la estabilidad del conjunto del Estado. Por esa razón, para entender lo que ocurre en la actualidad en España resulta determinante la divergencia observada en los últimos años en las posiciones de la opinión pública de ambas comunidades en lo relativo a la organización territorial del Estado.

Aunque más que de divergencia, se trata más bien de tendencia a la polarización en las posiciones respecto al modelo de estado. De esta forma, mientras en Cataluña predominan en 2015 las posiciones favorables a la extensión de la autonomía y la reivindicación del derecho a la independencia (un 67,5% de la población las apoyan), en Madrid un 46,5% apuesta por una reducción o supresión del sistema autonómico en España. Este porcentaje supera el 39,7% que apoya el mantenimiento de la autonomía o su ampliación.

En 2015, por tanto, no resulta sólo determinante la orientación hacia la independencia de una parte importante de la población en Cataluña (41,4%, apenas algunos puntos por debajo del 43,2% que opta por el sistema autonómico, ya sea en su forma actual o ampliada). La apuesta por la reducción de la autonomía (con un 24,2% de opiniones favorables a un gobierno central, sin autonomías, y otro 22,3% a favor de una reducción del poder autonómico) se conforma como la posición dominante en Madrid.

Tabla 1

Tabla 1

En lo relativo a la Comunidad de Madrid, esta polarización es el reflejo de una fuerte reacción anti-autonomista durante el periodo 2005-2015, una dinámica que puede observarse en el aumento de la proporción de población a favor de un gobierno centralizado en Madrid. Esta proporción aumenta de 14,7 a 24,2% en este periodo. Esta dinámica se acompaña de una pérdida de peso del grupo favorable a una ampliación de la autonomía, o del derecho a la independencia de las comunidades autónomas (de 25,1 a 14,4%)[i]. Vistos en conjunto, estos dos elementos revelan un nítido desplazamiento de la opinión pública de Madrid hacia las posiciones menos favorables a la autonomía política de las comunidades autónomas en España.

Tabla 2

Tabla 2

  1. Los protagonistas de la reacción anti-autonomista en Madrid: la izquierda y personas que no vivieron el franquismo o la Transición en su vida adulta

Al considerar en la Comunidad de Madrid la relación entre posición ideológica y anti-autonomismo, de acuerdo con la variable edad, resalta a priori la clara orientación derechista de las posiciones favorables a una reducción de la autonomía. La máxima orientación contraria al actual sistema corresponde a la población situada ideológicamente en el centro-derecha, en especial en los colectivos de mayor edad. Así, la proporción de población que se opone a la autonomía (o la quiere reducir) alcanza un 56% entre la población mayor de 40 años, por encima del 45,7% de las personas de centro-derecha entre 18 y 39 años.

Con la única excepción del grupo entre 60 y 64 años[ii], con apenas un 14,3%, la proporción de personas que defienden un estado completamente centralizado (o la reducción de la autonomía) resulta sin embargo igualmente elevada entre la población orientada hacia la izquierda. Se sitúa entre el 37,3 y el 39,5% tanto en la población de izquierdas mayor de 65 años como en la menor de 60 años.

Además, cuando se comparan con las posiciones que estos mismos grupos sociales mantienen en Cataluña, analizando la variación en el peso porcentual de las posiciones pro-reducción de la autonomía en Madrid y Cataluña, llama la atención un aspecto clave. Se trata de la fuerte orientación diferencial a propuestas de reducción o supresión de la autonomía en la población de izquierdas menor de 60 años. Aunque la máxima diferencia corresponde a las personas de centro-derecha mayores de 40 años (+38,8 puntos porcentuales de diferencia), el diferencial no se aleja mucho, en el bloque de población orientado a la izquierda, entre personas de 40 a 59 años (+37,9 puntos) o menores de 40 años (+33,3 puntos). Las menores diferencias corresponden a las personas mayores de 60 años con una orientación izquierdista (+9,5 puntos entre 60 y 64 años y +26,6 en las personas de 65 y más años).

Tabla 3

Tabla 3

El análisis de la dinámica reciente de las posiciones en la Comunidad de Madrid muestra, por su parte, que el incremento del peso relativo de las posiciones vinculadas a la supresión de la autonomía se relaciona con dos grupos principales: por una parte, la población de centro-derecha entre 18 y 39 años (de 9,5 a 23,5%) pero, por otra, la población de izquierdas entre 40 y 59 años (de 6,3 a 22,3%).

Tabla 4

Tabla 4

Entre 2005 y 2015, y en la distribución interna del incremento de la posición anti-autonomista (centralización o reducción de la autonomía), los dos grupos señalados concentran un 52,7% de dicho incremento. La proporción llega al 80,4% al considerar a las personas de centro-derecha entre 40 y 59 años. Otro 10,7% se asocia a la población de izquierdas de 18 a 39 años. La población mayor de 60 años, de una u otra orientación ideológica, apenas aporta un 9% del incremento.

Tabla 5

Tabla 5

En el periodo considerado, el alejamiento del autonomismo de las personas de izquierda en Madrid es mucho más evidente en lo relativo a las posiciones favorables a una mayor autonomía o al derecho a la independencia. Si, entre 2005 y 2015, un 40,7% del incremento de la apuesta por la liquidación o la reducción del sistema autonómico corresponde a personas de izquierda, la pérdida de apoyo a una mayor autonomía se relaciona en un 52,5% de los casos con personas de izquierda. La proporción llega al 78,3% si se incluyen jóvenes menores de 40 años de centro-derecha.

En la población orientada a la izquierda, la caída del apoyo a una mayor autonomía es superior a los 10 puntos porcentuales entre 2005 y 2015, aumentando esa caída con la edad. Esa reducción sólo resulta tan intensa, en el bloque de centro-derecha, entre las personas de 40 a 59 años.

Tabla 6

Tabla 6

Tabla 7

Tabla 7

  1. Una reacción vinculada a la población con menor identificación con el nacionalismo español

En la Comunidad de Madrid, durante el periodo 2005-2015, la intensidad de la reacción anti-autonomista en la población izquierdista, así como en aquellos grupos que no vivieron la experiencia del franquismo o de la Transición, explica la paradoja de que la reacción señalada se vincule a personas en las que no predomina una identificación nacional española, con percepciones mixtas dominantes[iii].

A este respecto, resulta llamativo comprobar que, tanto en Madrid como en Cataluña, la apuesta por la menor autonomía o su supresión muestra proporciones muy cercanas en 2015 entre la población que insiste en su identificación principalmente española. Un 54,1% de esta población apuesta por la centralización o la reducción autonómica en Madrid, con un 53,6% en Cataluña (aunque, como es lógico, el grupo de identificación española tiene un peso relativo muy superior en el electorado de Madrid).

En contraste con lo señalado, las diferencias en este punto resultan muy llamativas en 2015 en la población con una identificación no tan orientada al polo español. Excluyendo en la comparación a la población con mayor identificación catalana en Cataluña, mientras apenas un 10,4% de la población analizada tiene posiciones centralistas o de reducción de la autonomía en Cataluña, la proporción es del 42,1% en Madrid.

Tabla 8

Tabla 8

En el grupo menos orientado a la identificación nacionalista española en Madrid, destaca de forma especial el muy notable alejamiento entre 2005 y 2015 respecto a las posiciones a favor de una mayor autonomía. Se reduce en 10,4 puntos porcentuales en el bloque de centro-derecha (de 19,1 a 8,7%) pero en 19,1 puntos (del 45,6 al 26,5%) en el orientado a la izquierda. En el periodo considerado, este último colectivo de población recoge un 51,2% de la reducción de apoyos a una mayor autonomía para las comunidades autónomas por un 39,6% asociado al centro-derecha menos orientado al españolismo. Las posiciones de mayor identificación con el sentimiento nacional español apenas contribuyen a un 9,1% de la caída detectada en el apoyo a una mayor autonomía.

Tabla 9

Tabla 9

Tabla 10

Tabla 10

La mayor apuesta por la centralización o la reducción de la autonomía se vincula sin embargo, con evidente claridad, a la población más identificada con el españolismo en el ámbito del centro-derecha. En este caso, entre 2005 y 2015 la apuesta por la centralización pasa del 27,3 al 36%, contribuyendo este grupo a un 33,2% de los casos de incremento del apoyo de la población madrileña a la centralización. Otro 19,9% corresponde a la población de izquierdas que afirma sobre todo su españolismo, un colectivo en el que la apuesta por la centralización pasa del 7,9 al 25,5% entre 2005 y 2015.

Pero, incluso en este caso, un 46,9% del aumento de las posiciones más anti-autonomistas corresponde a grupos no tan claramente orientados al españolismo. En estos grupos el aumento de la percepción centralizadora es llamativa y tiene una dinámica relativamente similar en el periodo analizado. Así, en las personas menos claramente orientadas al españolismo, el apoyo a un gobierno central, sin autonomías, aumenta de 7,9 a 14,8% en el bloque de izquierdas y de 14,8 a 22,5% en el de centro-derecha.

Tabla 11

Tabla 11

Tabla 12

Tabla 12

La apuesta anti-autonomista diferencial que se observa entre Madrid y Cataluña, en lo relativo al colectivo sin identificación dominante con el españolismo, se mantiene al considerar los datos por edad y posicionamiento ideológico. De esta forma, en el grupo con predominio de la identificación nacional española, las posiciones favorables a la reducción o supresión de la autonomía tienen un peso similar tanto en Madrid como en Cataluña: entre el 57,4 y 59,9% en el centro-derecha y entre el 40,6 y el 42,1% en la izquierda.

La diferencia resulta en cambio sustancial en las posiciones de identificación mixtas, con diferencias superiores a los 30 puntos en Madrid respecto a Cataluña, tanto en el centro-derecha (46,9 frente a 14%) como en la izquierda (35,6 frente a 5,1%). Esto refleja que la reacción anti-autonomista que se observa en la última década en Madrid no es exclusiva, ni siquiera principalmente destacada, en los grupos más orientados al españolismo sino que se asocia a la dinámica general de la sociedad madrileña.

Tabla 13

Tabla 13

Nota: No se incluye a la población que, en Cataluña, se considera sobre todo catalán.

  1. La posición de las personas con menor nivel de ingresos

El peso de la población de izquierdas de la Comunidad de Madrid en la redefinición de las posiciones favorables al autonomismo hace pensar que, medido en términos de la situación personal percibida, las categorías sociales que se sitúan en la parte baja de la escala de ingresos tenderán también a participar más de la reacción anti-autonomista observada. De hecho, un rasgo que se ha resaltado en el proceso catalán es la mayor identificación con las posiciones reactivas al procés catalán entre los colectivos con menores ingresos personales en Cataluña.

En esa comunidad autónoma, en 2015 la realidad señalada se percibe de forma limitada en la izquierda catalana, con apenas un 5% de posiciones favorables a la centralización o la reducción de autonomía, aunque por encima del 2,2% que se observa en las personas con una percepción buena o regular de su posición económica. La diferencia es mucho más nítida en el centro-derecha, con un 10,6% que defiende la reducción o supresión de la autonomía en colectivos en buena situación personal por 16,5% en posición regular y un máximo del 17,9% entre las personas en una mala situación económica personal.

En la Comunidad de Madrid, sin embargo, esta dinámica tiene un sentido opuesto. Aunque las posiciones contrarias, en mayor o menor sentido, a la autonomía tienen siempre un peso relativo muy superior en Madrid, llama la atención que la proporción de personas opuestas a la autonomía tiende claramente a reducirse conforme empeora la situación personal: de 42,4% a 39,5% y 32,5% en la izquierda; de 58,4 a 47,3 y 47,6% en el centro-derecha (según la posición económica percibida sea buena, regular o mala).

Tabla 14

Tabla 14

En la parte relativa a las posiciones pro-autonomistas (mayor autonomía o derecho a la independencia), vuelve a observarse una reducción de la identificación con estas posiciones conforme empeora la posición personal percibida en Cataluña. En Madrid, en cambio, se observa una clara estabilidad en las posiciones, salvo un cierto incremento en Madrid de las posiciones más abiertas en las categorías con menores ingresos del centro-derecha. En conjunto, sin embargo, el diferencial de apoyo respecto a Cataluña tiende a reducirse conforme cae la posición personal, lo que indica mayor apertura relativa comparada a las posiciones pro-autonomistas conforme se reduce la situación económica percibida de la población.

Tabla 15

Tabla 15

NOTAS METODOLÓGICAS

Las fuentes utilizadas son los barómetros postelectorales del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)e de 2015 para Madrid y Cataluña (estudios 3087 y 3113), así como el estudio 2610 para los datos de 2005 correspondientes a Madrid.

En lo relativo a la posición o auto-ubicación ideológica, con una escala de 1 a 10 entre máxima identificación izquierdista y máxima orientación derechista, el artículo define dos grupos: por un lado, el polo más orientado a la izquierda, situado en las posiciones 1 a 4; y, por otro, el orientado al centro-derecha, situado en las posiciones 5 a 10. Por sus características predominantes, el grupo NS/NC en esta pregunta se incluye en el centro-derecha.

 

 

 

[i]    En 2005 no es posible distinguir entre la población que, a pesar de aceptar el sistema autonómico, defiende sin embargo una reducción de competencias para las comunidades autónomas.

[ii]   Se presenta de forma separada al grupo de izquierdas entre 60 y 64 años por su posición política claramente diferenciada respecto al resto de la población. Aunque la muestra resulta muy limitada, lo que limita el grado de precisión muestral, los márgenes de error no ponen en duda este elemento peculiar en las posiciones relacionadas con la autonomía en la Comunidad de Madrid en función de la edad.

[iii]   Esta parte del documento se ve condicionada por las características del cuestionario CIS que no incluye en todos los casos una pregunta relativa al grado de identificación con el nacionalismo español. La pregunta relativa al sentimiento nacionalista regional limita, en este sentido, la aproximación a la intensidad real del sentimiento nacional español en la Comunidad de Madrid.

El frustrado estado (de bienestar) propio

Enric Juliana escribe hoy en La Vanguardia En defensa de Pasqual Maragall. Más allá del rifi-rafe poco elegante abierto con las palabras de Bono, Juliana ilustra sobre algunos de los dilemas políticos de las fuerzas políticas (cisibéricas y transibéricas) durante el proceso que hizo perder al PP el liderazgo político del milagro (con trampa, como todo milagro) económico 1995–2007 y cerró el ciclo pujolista.

Además (por debajo de, diría yo) de lo que Juliana explica creo que hay otro elemento, que en su momento fue explícito pero que después ha desaparecido de la mayoría los análisis. Los «hermanos Maragall» y lo que representaban trataron de redefinir el fundamento del autogobierno, desplazándolo desde lo identitario hacia las políticas de bienestar. La Generalitat debía ser el estado de bienestar catalán que se ganase el apoyo de los ciudadanos, no tanto por su capacidad de defender la lengua u otros símbolos de identidad (sin abandonarlos, desde luego), sino por su capacidad de articular un sistema educativo, sanitario y de servicios sociales ampliado, modernizado, eficaz y eficiente, con alguna incursión en la garantía de rentas (RMI renovada, prestaciones por hijos) aunque el núcleo de este campo —las pensiones— quedase en manos del gobierno central. Dicho de otro modo, de las partes fundamentales del estado de bienestar que emplean a técnicos y profesionales. Ese proyecto que debía suscitar la implicación de sus «tripulantes» (las clases medias formadas y funcionales que trabajamos en los servicios públicos) y de sus «pasajeros», los ciudadanos receptores de servicios. Un «patriotismo» mas sueco que francés, por así decir.

Pero era el proyecto tenía al menos dos puntos débiles. En primer lugar, suponía la ruptura con la modelo político catalán nacido de la transición, el bipartidismo de ensueño como lo ha llamado Josep Ramoneda. La Generalitat subvencionadora y orientada a la gestión privada de la sanidad, en manos de CiU, los ayuntamientos haciendo micropolíticas sociales locales y manteniendo su propia red de subvenciones, en manos del PSC. Los «hermanos Maragall» aspiraban a transformar radicalmente el modelo, cosa que sólo podía molestar a sus protagonistas (CiU «pujolista» y PSC «municipalista») y a sus beneficiarios en La Moncloa (aquellos que descubrieron que la clave de la gobernación de Sefarad es que Cataluña la gobierne CiU, el País Vasco lo gobierne el PNV y de Navarra se hable lo menos posible).

El segundo y principal problema radicaba en que tal proyecto de ampliación razonable del estado de bienestar empleador necesita de un sistema adecuado de financiación fiscal. En mi modesta opinión, la razón principal de la insuficiente financiación (que afecta a todo Sefarad) es un sistema fiscal que recauda menos de lo necesario para mantener el estado que los ciudadanos quieren tener y del que no estamos tan lejos. Recauda de menos, pero se ha podido evitar el mal trago de decir a los ciudadanos que hay que pagar más impuestos (sobre todo algunos, y no sólo los más ricos, tienen que pagarlos) «dopando» al estado con ingresos atípicos y coyunturales (inmobiliarios, sobre todo), gastándonos las cotizaciones sociales en otras cosas, comme d’habitude, y fondos europeos… hasta que se acabaron las tres cosas. Ese problema de fondo no lo quiere ver nadie en Sefarad (cis- ni transibérica) tal vez porque nadie quiere dar noticias desagradables, y menos cuando se está de fiesta. El otro gran obstáculo, que tampoco se ha querido ver, es el estrechamiento de los márgenes en una Eurolandia sin gobierno político-social y sometida a una creciente competencia global, como explica Claus Offe en Europa acorralada.

El lento naufragio del proyecto, hasta que embarrancó en los arrecifes de la crisis, podría explicar la acumulación de frustración entre las clases medias funcionales (que aspiran a prestar sus servicios de calidad en los servicios públicos y son fáciles de encontrar en el Proceso) y la creciente centralidad de la financiación en el debate político en Cataluña. De renegociar la financiación bajo el tripartito, al fallido pero no intentado pacto fiscal, al expolio fiscal y a la independencia como solución de financiación del estado del bienestar, ya no el proyecto maragaliano de ampliación, pero al menos para mantener lo existente.

Pienso que ahí está el nudo que une la tensión «social» de la crisis con la tensión «nacional» catalana, el cemento del Partido del Nos Vamos, sobre todo desde que CDC abandonó su entusiasmo inicial por la austeridad y el aligeramiento del estado de bienestar, probablemente vistos los riesgos que se expresaron en la Plaça de Catalunya y el Parc de la Ciutadella. En el resto de Sefarad la casta, la corrupción y la madrastra Merkel pueden jugar ese papel para ligar la mayonesa del Partido de la Ira. Dos movimientos que expresan frustraciones en parte justificadas, aunque no está nada claro que señalen la naturaleza real de los problemas, y menos que formulen soluciones posibles. Claro que entre una solución complicada y una sencilla, ¿quién elegiría la complicada?

Aire fresco en un agosto nublado

por Manuel Aguilar Hendrickson

Animado por el golpe de aire fresco que Quim Brugué y Ismael Peña-López han hecho correr hoy, me atrevo a plantear alguna duda que va un poco más allá del planteamiento de ambos. Son dudas sobre algo que creo que se adivina en ambos textos, pero que queda fuera de de la línea central de argumentación de los dos. Ambos abordan (en mi humilde opinión) las tensiones políticas que vivimos («vieja» vs. «nueva» política) desde un punto de vista de «procedimiento», de mecánica de funcionamiento del sistema político, y en ese campo coincido en lo fundamental con los dos. Pero se me hace difícil no escarbar un poco más allá.

¿Porqué el régimen democrático que hace pocos años casi nadie discutía (por diversas razones) aparece de pronto como un régimen que ha degenerado en la cleptocracia, la plutocracia y la ineptitud? La hipótesis que parece estar detrás de casi todos los planteamientos de regeneración democrática es que el sistema ha sido capturado por una «mafia» o «casta» o «élite extractiva» que se ha aprovechado de numerosos los defectos de funcionamiento del sistema de representación y de gobierno. Es probable que esa captura tenga bastante de cierta, pero no parece plausible que sea reciente. Cuando se tira del ovillo, parece que tal captura se remonta a la Transición, al Franquismo, a la Restauración o incluso a la Década Moderada o a 1714.

Se me ocurre otra hipótesis explicativa que tal vez sitúe el problema en otro terreno. El malestar con la «vieja» política podría tener su raíz en la percepción (ésta sí es novedosa) de que es incapaz de ofrecer condiciones de vida aceptables y perspectivas de futuro atractivas (ilusorias o no) a una mayoría «suficiente» del electorado. Esa pérdida de capacidad parece derivar de la creciente impotencia de los estados (tal como hoy existen) de gobernar un funcionamiento social y económico cuyo ámbito desborda las fronteras estatales, y cuyo objeto son más los flujos (de personas, de capitales) que los stocks (para los que se «diseñó» el estado moderno). Pérdida de capacidad que se ha formalizado en la pérdida progresiva de las palancas que definían el estado soberano: emisión de moneda, fijación de los tipos de interés, política «exterior y de defensa» autónoma.

Puede que mientras la «casta», «mafia» o «élite extractiva» nos ofrecía perspectivas aceptables, era el precio inevitable a pagar. Cuando deja de hacerlo, «descubrimos» que eran unos corruptos.

Si es así, me preocupan dos supuestos que subyacen a buena parte de la «nueva» política.

  1. La idea de que la voluntad soberana (es decir, liberada de barreras ilegítimas —«nacionales» o «mafiosas») del «pueblo» o de la «sociedad civil» lo puede casi todo. Si «decidimos» que Catalunya sea como Dinamarca o Finlandia, lo será. Si «decidimos» que España tenga una economía basada en el conocimiento, la sostenibilidad, el alto valor añadido y los salarios altos, la tendrá. Si no es así, será porque «otro» (España, la mafia…) limita o manipula «nuestra» voluntad. El problema aquí es doble. El que señala Quim Brugué (la «unidad» de voluntad de una sociedad plural y compleja es complicada) y la creencia en el poder «soberano» de la voluntad, que ignora restricciones y limitaciones de la realidad.
  2. La idea de que los ámbitos reducidos («lo pequeño es hermoso») son los que permiten organizar mejor el funcionamiento político. Lo local o lo pequeño tienen numerosas ventajas de «procedimiento» democrático, pero resultan cada vez menos relevantes para el gobierno de nuestras sociedades.

El sueño de que un ámbito «abarcable» por lo pequeño, si «queremos» y no nos lo impiden «otros», permite gobernar los flujos económicos y sociales que marcan nuestras vidas para hacerlos compatibles con una vida digna es comprensible y puede ser creíble. Pero no está nada claro de que sea ni viable ni sensato (condiciones difícilmente exigibles a los sueños, desde luego, pero sí a las propuestas políticas) en el mundo actual. El trilema de Rodrik formaliza el problema de fondo: no es posible tener a la vez Estado-nación, democracia y globalización. Como me temo que la globalización es algo que no está en nuestras manos suprimir, como mucho sería «modulable» a escala global, el sueño de la soberanía de la “voluntad popular” puede transformarse en una pesadilla.

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Inequality and its discontents

Mark Carrigan

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